Los eventos que alteran el curso previsto de la historia se presentan, con frecuencia, como pequeñas luces distantes en medio de una antagónica oscuridad. Frente a nosotros, una nueva luz se asoma. Hablo de los movimientos en el norte de África. Explicar el origen de estos movimientos es tan complicado como predecir sus destinos.
Política
¿Unidad o insurgencia?
Al cumplirse un año desde el último terremoto, el Presidente de la República y otras autoridades apelan a la unidad de los chilenos para enfrentar la tarea de reconstrucción. Se nos convoca, asimismo, a enfrentar unidos las adversidades de la crisis energética mundial, las demandas territoriales y limítrofes de nuestros países vecinos, así como para salirle al paso a la delincuencia que asola en las ciudades y barrios del país.
Libia: ¿un nuevo Irak?
La situación libia ha acaparado el 99% de las noticias de la prensa internacional, sobre todo de las grandes agencias noticiosas transnacionales, sin embargo esto no significa que haya una información contundente sobre lo que allí ocurre, sino más bien una gigantesca desinformación.
Un año sin recoger los escombros
Las normas sísmicas comenzaron a imponerse en Chile a raíz del terremoto de Talca en 1928. Se complementaron con posterioridad al terremoto de Chillán en 1939, más tarde a raíz del cataclismo de Valdivia en Mayo de 1960, y se perfeccionaron después del sismo de Valparaíso en 1971.
Libia, la OTAN y los peligros de la confusión política
Antes que nada, unos pocos datos históricos. La rebelión contra la colonización italiana unificó en Libia a las tribus beduinas y a los ocupantes de Cirenaica, en la mitad del país más cercana a Egipto, donde era muy influyente la secta fundamentalista y xenófoba de los Senoussi.
Arabia Saudita, el factor clave

El terremoto de las pasadas cinco semanas en Medio Oriente ha sido la experiencia más tumultuosa, devastadora y pasmosa en la historia de la región desde la caída del imperio otomano. Por una vez, conmoción y pavor
fue una descripción apropiada.
Hastío profundo
Hace pocas décadas atrás, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, el planeta estaba dividido en dos bandos irreconciliables. El mundo asistía al siglo de las revoluciones y las contrarrevoluciones, en que cada país del orbe era apenas una pieza en el gran ajedrez de la política internacional de las grandes potencias. La Unión Soviética y los Estados Unidos estaban enfrascados en lo que se llamó eufemísticamente la “Guerra Fría”, que no por “fría” dejó de ser una “guerra”.
No es momento de hacernos los distraídos
Con las revueltas árabes la crisis sistémica global ingresa en una nueva fase, más imprevisible y cada vez más fuera de control. Hasta ahora los principales actores venían siendo las oligarquías financieras y las grandes multinacionales, los principales gobiernos, en particular los de Estados Unidos y China, y, bastante más atrás, algunas instituciones como el G-20. Ahora se ha producido un gran viraje con el ingreso en escena de los sectores populares de todo el mundo, encabezados por los pueblos árabes, lo que supone la profundización y aceleración de los cambios en curso.
Libia: el terror casi siempre
Ya nada será igual en Libia, después de febrero de 2011. El país explotó después de 40 años en relativa calma, salpicado sólo por atentados terroristas contra Kadafi con el fin de ultimarlo e incluso de bombardeos norteamericanos sobre Trípoli, sin declaración de guerra, que destruyeron el palacio de gobierno y mataron, entre otros, a una hija del Jefe de
Lo que une a Tahrir con Madison (Wisconsin)
No es una extrapolación caprichosa de los activistas en los dos lugares comparar a la plaza del Capitolio en Madison, capital de Wisconsin, en Estados Unidos, con la plaza Tahrir, de El Cairo. Las une mucho más de lo que las separa: la identidad universal del ser humano, el amor a la libertad, el ansia de justicia social y democracia, los derechos de los trabajadores, la solidaridad entre los que luchan no importa dónde.