Hace un par de días estalló en las llamadas “redes sociales” el video de una mocita de pelo mojado haciendo alarde de su clasismo, cuando simpatizaba con el decreto medieval de su Condominio Chicureano que impide a las “nanas” y a otros miembros de la servidumbre transitar por las lustrosas avenidas de su barrio emplazado en un peladero similar al del Kalahari. “¿Te imaginai acá en el Condominio todas las nanas caminando pa’ fuera, todos los obreros caminando por la calle y tus hijos ahí en bicicleta?” le preguntaba al periodista, horrorizada. Que ella y otros tantos alberguen este tipo de posturas me parece intrascendente: hay de todo en ese chiquero que los antiguos griegos definieron como Democracia, y que según el mismísimo Platón, precisaba de esclavos incapaces de pensar por sí mismos. Para muestra un botón: la Nana.
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