Los “porfiados hechos” -como decía la antigua retórica de la Izquierda- demuestran que el desgaste de los partidos, víctimas de sus propias prácticas, pone en riesgo a la política propiamente tal, entendida como la actividad colectiva más noble de los ciudadanos de una república.
La historia parece no enseñarle nada al aparato administrativo y el gobierno descuida sus responsabilidades para privilegiar su mundo empresarial y del lucro. En salud como en educación se produce una discriminación y represión racista al pueblo mapuche. La persecución a los heridos se hace en el territorio Mapuche… pero también con los estudiantes en Santiago y en la Patagonia, donde las fuerzas especiales se refocilaban actuando como invasores en esa región. Parlamentarios, Poder Ejecutivo y Judicial son responsables de estos horrores: mientras no se resuelva ellos no logran justificar ni su existencia ni los privilegios de los que gozan. Son los defensores de la “Ley del Embudo” que denunciara Neruda en tantas ocasiones. (Canto General)
Cuando la señora Ministro del Trabajo sostiene que cualquier alza en el sueldo mínimo significa un deterioro en los índices de empleo está delatando la precariedad de un modelo económico y, al mismo tiempo, los límites de una democracia defectuosa. Según el argumento de la Ministro, cada 10 puntos de aumento en el salario mínimo implicaría tres puntos en la pérdida de empleos. Por lo tanto, cualquier pretensión por alcanzar un “salario ético”, tal y como han demandado los trabajadores y que supera en 30% el estándar actual traería como consecuencia un descenso de 9 puntos en el empleo. Lo que afirma la autoridad ministerial es que cualquier alza en los salarios solo es admisible si hay un alza en la productividad.
La victoria del Partido Socialista en Francia representa una oportunidad para cambiar las grandes líneas de la política macroeconómica frente a la crisis en Europa. Más aún, puede significar la apertura de un nuevo espacio político para redefinir los términos del pacto social que será el sustrato de la integración europea en el futuro. Mucha esperanza, y no sólo en Francia, rodea el ascenso de Francois Hollande a la presidencia.
Selección de personal mal hecha para ocupar funciones públicas clave; entrega de información falsa durante la catástrofe misma; medidas imprudentes; impericia técnica y, lo peor, falta de liderazgo y conducción precisamente cuando son más necesarias. Es lo que revelan las audiencias acerca del 27F.
En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas se jugaba bastante más que las carreras políticas del socialista Francois Hollande y el derechista Nicolás Sarkozy.
Podría parece hasta un juego infantil, pero es nuestra política.
Como una sensación de asfixia. Es lo que padecen muchos ciudadanos en varios países de la Unión Europea (UE), afectados por tanta reducción, tanto recorte y tanto ajuste. Una sensación agudizada por la comprobación de que la alternancia política no modifica la “furia austeritaria” de los gobernantes.
Aunque acompañada por el escándalo del Servicio Secreto, la Cumbre de las Américas del mes pasado en Cartagena, Colombia, fue un acontecimiento de gran importancia. Hay tres razones principales: Cuba, la guerra contra el narcotráfico y el aislamiento de Estados Unidos.
Desde hace un tiempo, distintos personeros de la alicaída Concertación de Partidos por la Democracia no ocultan su anhelo, casi una obsesión, por un retorno de la ex presidente Bachelet. Muchos de entre ellos están convencidos de que ella es la única posibilidad cierta de regresar al gobierno en las próximas elecciones presidenciales. El argumento es sencillo: Solo una figura muy bien evaluada en todas las encuestas de opinión puede salvar a una coalición tan desprestigiada como venida a menos. La ex mandataria mantiene un diplomático y distante silencio dedicada a sus tareas en la ONU.