Si bien, este agonizante año 2012 no fue próspero en marchas multitudinarias ni en extensas tomas de escuelas o universidades, marcó un hito inolvidable para el Chile pos Pinochet: el lucro entró en calidad de imputado.
Archivo periodístico 2005–2019
Si bien, este agonizante año 2012 no fue próspero en marchas multitudinarias ni en extensas tomas de escuelas o universidades, marcó un hito inolvidable para el Chile pos Pinochet: el lucro entró en calidad de imputado.
”La ley dispondrá, sin restringir su derecho a disponer libremente de su patrimonio, de mecanismos de resguardo de la propiedad accionaria de los trabajadores y regulará su transferencia de modo de evitar su apropiación indebida por parte de grupos financieros”.
La última edición de la Revista de Anticipación Política-MAP, publicada por el Laboratorio Europeo de Anticipación Política (Leap), está en gran parte dedicada al análisis de las tendencias regionales en América del Sur entre 2012 y 2016. El capítulo dedicado al tema tiene un título sugerente: Incertidumbre entre dominación estadunidense e independencia regional.
Hay que ser muy cándido para creer que en este país de mercachifles se puede separar la política de los negocios. La primera es un buen trampolín para que los negocios prosperen; no hay que confundir la hipocresía con el cinismo – son conceptos opuestos -. Nuestros antiguos ricos – la derecha – y los nuevos – la Concertación – profesan un virginal cinismo, pues no sólo se han hecho ricos con la teta del Estado, sino que proclaman esta proeza como una gran virtud. Nada nuevo bajo el sol.
A medida que las investigaciones en torno a la dictadura de Augusto Pinochet van poniendo en evidencia la importante participación de civiles en altas funciones de gobierno, emerge el carácter de una “dictadura cívico-militar” No se trata, como pudiera pensarse, de una mera disquisición intelectual propia de historiadores sino, por el contrario, de un hecho político de la mayor trascendencia en el Chile de hoy. Por de pronto, abre la necesidad de investigar y, eventualmente, llevar a los tribunales a numerosos civiles que, hasta la fecha, permanecen impunes, muchos de ellos vestidos con nuevos ropajes democráticos protegidos por partidos y movimientos de derechas.

El Español Javier Cercas en Anatomía de un Instante les llama héroes de la desconstrucción. En la criolla revista Mampato que leí durante mi infancia el personaje se llamaba Máximo Chambonez. Cercas escribe sobre Adolfo Suárez, gran descontructor del franquismo, de cuyas filas provenía. En el personaje de Mampato no había plan altruista preconcebido; simplemente Chambonez daba las razones de su apellido.
Da para todo. En su nombre se declaran guerras mundiales y ordenan asesinatos selectivos. En el ámbito local, justificó el término de la investigación de los “Pinocheques” y las presiones para traer de vuelta al dictador, entre varias otras situaciones no muy nobles, pero que suceden a menudo, en el Chile de la “Transición”. De preferencia, se esgrime para faltar a la verdad. Así lo ha recordado el llamado “Caso Clarín,” que ha completado otra fase judicial en estos días.
Como los viejos bluseros, que cuando todos los daban por muertos salen con un nuevo y espléndido disco, la mañana del 21 de diciembre los zapatistas reaparecieron de bulto en el panorama político mexicano demostrando que su músculo, sentido de la oportunidad y fuerza simbólica están intactos.
Justo cuando gozaba de sus ilusiones por trascender como personaje de prestigio mundial, Carlos Salinas recibió demoledor golpe en su inflada imagen. Apareció el EZLN allá lejos, en aquel rústico San Cristóbal de las Casas, tan folclórico, también en el sangriento mercado de Ococingo, en las desconocidas Margaritas y otras localidades remotas.
Desde hace muchos años tenemos contradicciones con Gute acerca de los derechos humanos y otros temas.