El Papa actual no será parecido a León XIII – autor de la Encíclica Rerum Novarum (acerca de las Cosas Nuevas) -: la doctrina social de la Iglesia tiene poco espacio, una vez derrumbada la Democracia Cristiana en el mundo y la intrascendencia de pensadores cristianos y conversos que, en el siglo XX, fueron fundamentales.
Y el pasado es imborrable, ahora lo condenará también el futuro. Hoy una gran parte del pueblo argentino recibió tremendo “gancho al hígado” aplicado por la más alta estructura de la iglesia católica. No puedo quedarme callada siendo parte de un pueblo que lloró a 30 mil compañeros asesinados, torturados, masacrados.
Pasada la primera impresión de los cristianos –y de los no cristianos agnósticos también- tras conocer el nombre del nuevo Papa, llamado Francisco, ha comenzado su glorificación, su sublimación. Recordemos que el Papa es infalible por gracia de Dios y, por lo tanto, su palabra es ley, ley divina, por decirlo de algún modo; también es sabiduría suprema. En cambio, asunto curioso, Benedicto XVI, el Papa renunciado, de ser infalible ha pasado a ser falible, o también podría ser un “infalible emérito”. En fin, dejemos ese tipo de definiciones a la Iglesia Católica.



Hay alegrías que las carga el diablo. En Córdoba, Argentina, se está celebrando el juicio por crímenes de lesa humanidad contra 44 represores, acusados de secuestrar, torturar y hacer desaparecer a cientos de personas en el campo de concentración de La Perla.
Es una verdad incuestionable: las elites políticas del duopolio (Concertación y la Alianza oficialista) generan espectáculo para consumo mediático. Son las querellas particulares de los actores profesionales privilegiados del sistema binominal que hoy rige a Chile las que dominan la política por arriba y de ninguna manera es la búsqueda del interés general de las mayorías o el llamado bien común.
