
¡Felicitaciones a la alcaldesa y al Concejo Municipal de Providencia por restituir el nombre original a la calle que tenía por denominación la fecha más infausta de la historia republicana de Chile! Pero más allá de las celebraciones, es importante reseñar las acciones ciudadanas que destrabaron la parálisis que afectó por varios meses una aspiración tan sentida, no solo por la mayoría de los vecinos sino del conjunto de los ciudadanos de nuestro país.
En toda derrota catastrófica, como la de Andrés Allamand y su Partido, en las recientes elecciones primarias tiene que haber un malo de la película – que, en este caso, pienso en Joaquín Lavín -, que tuvo el “mérito” de recibir un sonoro “hasta cuándo me humillai concha de tu madre”, insulto proferido por el amargado Andrés Allamand quien captó, mejor que todos sus compañeros de tienda política, que la derrota en estas primarias constituye el primer paso hacia el abismo de Renovación Nacional, condenada a ser la eterna “segundona” de la derecha – una especie de antigua empleada doméstica, o Yo, la peor de todas, en la casa los numerarios del Opus Dei -.







