
A partir del 2011 la protesta ciudadana se ha desplegado y la crítica al modelo económico se ha hecho evidente. Luego, con las elecciones, los cuestionamientos se profundizaron. Existe rechazo al sistema educacional, a la previsión y al régimen de salud, derechos ciudadanos convertidos en negocios. Preocupa la indefensión de los consumidores por las arbitrariedades que sufren en los Supermercados, las Farmacias y Casas Comerciales.





En las élites mexicanas soplan aires similares a los que corrían hace 20 años. Al igual que hoy le sucede a Enrique Peña Nieto, Carlos Salinas de Gortari se sentía entonces invencible. Su proyecto para reformar México de manera autoritaria y vertical avanzaba sin mayores obstáculos, y se publicitaba como la superación de mitos y atavismos históricos. Había puesto ya los cimientos de un poder transexenal. Sus índices de aprobación en la opinión pública se encontraban por las nubes.

El próximo gobierno de Michelle Bachelet se ha comprometido ante el país en un proceso de reformas que bascula entre respetar la institucionalidad y atender a las demandas ciudadanas expresadas en la movilización social. Esto plantea el primer punto crítico de la futura administración, a saber, la cuestión de los equilibrios y los necesarios consensos que permitan avanzar en el programa de gobierno.
