Hay generaciones que crecieron escuchando en sus casas las palabras compañero/camarada. Durante años estos conceptos eran indicadores de relaciones fraternales entre una inmensa mayoría de personas, que se reconocían entre ellos como iguales.
Archivo periodístico 2005–2019
Hay generaciones que crecieron escuchando en sus casas las palabras compañero/camarada. Durante años estos conceptos eran indicadores de relaciones fraternales entre una inmensa mayoría de personas, que se reconocían entre ellos como iguales.
A esta altura va quedando nítido que la creación de la llamada Nueva Mayoría fue un habilidoso pacto electoral de la vieja Concertación y del Partido Comunista para obtener el Gobierno. No se trataba, desgraciadamente, de una alianza ideológica ni programática para ponerle término a la posdictadura y emprender cambios drásticos en la institucionalidad y el sistema económico social que nos rige. Aunque las promesas de campaña de Michelle Bachelet y sus primeras implementaciones sí tienen en mérito de haber tenido en cuenta las demandas ciudadanas, provocado la bochornosa atomización de las expresiones más vanguardistas, como fomentado la desmoralización de una derecha incapaz de mantener un mínimo de armonía. No en vano, los que apostaron a otras candidaturas presidenciales buscan ahora prosperar en fórmulas de integración, mientras que a algunos dirigentes de las quebrada Alianza por Chile les asiste el consuelo de que finalmente fueron sus ideas y las de la herencia pinochetista las preservadas y administradas por las última cinco gestiones presidenciales.

Un periodista español comenta que la clave del resultado del partido entre las selecciones de España y Chile en el Maracaná no hay que buscarla en la cancha, sino en la mentalidad nacionalista y fanática de aficionados y jugadores chilenos.
Los únicos que defienden la propuestas que en materia de educación ha hecho el régimen, son obvio, sus autores, y la constelación de estrellas que han visto brillar sus opacidades por la vía de la granuja aceptación a fardo cerrado de las prebendas que ofrece el poder, desde las oficinas secretas de las asesorías.
Gutenberg ha echado mano a un concepto marxista (e incluso leninista, porque proviene de Gramsci) para explicar la falta de peso político de la DC en la Nueva Mayoría.
En días recientes el alcalde de Recoleta, Daniel Jadue, comunicó a la opinión pública que había firmado un Decreto de demolición por todos los pisos que exceden los admitidos enla legislación vigente de una torre habitacional de 19 pisos emplazada sobre la calle Dardignac, entre Pío Nono y Ernesto Pinto Lagarrigue, edificio que forma parte de un permiso de edificación muy mal otorgado hace años atrás por el Director de Obras Municipales a una de las tantas inmobiliarias relacionadas con la lucrativa Universidad San Sebastián. Ocho pisos es la altura máxima allí permitida.
Tegucigalpa. De muy poco servirán los látigos de siete cabeza para contener la robustez e ímpetu social de las y los hondureños, pues se ha iniciado el despertar para en definitiva romper las cadenas. Hoy, a cinco años del deplorable Golpe de Estado en Honduras, el pueblo continúa luchando y resistiendo para inexorablemente lograr la emancipación revolucionaria.
Creer la sinceridad de todos los discursos enmarcados en valores morales es un error. Muchos, demasiados, apoyados por los medios empresariales son solo elaboraciones de propaganda que encubren proyectos violentos.

Una reforma que se afinca en la misma lógica que le da origen, no es sino un pase de malabarismo. Más aún si no aborda lo relevante, es decir, su esencia.
En un discurso pronunciado en Bruselas el pasado 26 de marzo, el presidente de Estados Unidos Barack Obama aseguró que “nosotros no pretendemos anexar el territorio de Irak. No les arrebatamos sus recursos para nuestro propio beneficio. En vez de esto, terminamos nuestra guerra y dejamos Irak a su pueblo, en un Estado iraquí plenamente soberano que puede tomar decisiones sobre su propio futuro”.