Pensaba, estimado lector, hacer algunos comentarios a propósito de la nueva campaña del expresidente en tierras españolas, pero la agresión y matanza indiscriminada que una vez más el Estado israelí practica contra el pueblo ‘palestino me lo impide. Y digo, me lo impide, sobre todo, por la dolorosa pasividad y complicidad de los así llamados poderes internacionales, empezando por los poderosos medios de comunicación occidentales dichos “libres”. Ahora, la tragedia del avión malasio en tierras ucranianas servirá para distraer un poco la vista sobre el nuevo ataque israelí. Lo que más molesta sin duda es la ráfaga de desinformación permanente de la que somos víctimas. Sea por nuestra televisión, medios escritos o por la llamada prensa internacional. Es lamentable. Todo ello hace un llamado urgente a la necesidad de conformar un periodismo alternativo, una comunicación alternativa e independiente que nos permita a nosotros, ciudadanos de a pie, acceder a los ingredientes informativos suficientes para poder emitir juicios con un cierto discernimiento reflexivo. Y, no solamente, como ahora, teleguiados, por la última imagen, la última mentira o el ultimo engaño fotográfico o discursivo. Lo que se siente y duele, vuelvo repetir, es la pasividad. El silencio antes este nuevo ataque.
El “Nuevo Ciclo Político” que supuestamente entraña la NM, es defendido entusiastamente por el Partido Comunista y Revolución Democrática. Ambos figuran como apéndices que reviven el cuerpo ya pútrido de la coalición de gobierno, siendo operadores directos de las reformas, publicitándolas como verdaderas balas de plata frente a las trampas que Guzmán estipuló en defensa de la junta militar y los Chicago boys. Como genuinas respuestas a los requerimientos de “la calle”, territorio que ambas colectividades dicen representar oficialmente, prometen que serán un “giro copernicano” que salvará a Chile del proyecto político de la Dictadura.
Las declaraciones del senador Andrés Zaldívar tras el acuerdo entre el gobierno y la alianza derechista, sobre la reforma tributaria, y del que fue el gestor principal, han causado revuelo en medios periodísticos y en algunos legisladores de la Nueva Mayoría. Pero ¿Qué ha dicho el senador? En realidad nada del otro mundo, sólo ha dicho sin eufemismos lo que la clase política piensa y ejecuta desde siempre. Ha dicho, respecto del acuerdo tributario, que “este tipo de soluciones requiere una manera de hacer las cosas que no pueden hacerse de cara a la opinión pública”. Luego aplica una metáfora gastronómica: “en estas cosas no todo el mundo puede estar en la cocina, ahí muchas veces está el cocinero [Zaldívar es el Chef] con algunos ayudantes, pero no están todos, no pueden estar todos”. Con sus críticos, pone la guinda de la torta y les responde: “El que creía que iba a refundar la República estaba muy equivocado”.
Disculpen que lo plantee así, pero creo que nuestro alcalde se ha vuelto loco. El señor Sabat ha propuesto una ordenanza municipal que regula el ruido en nuestros barrios… no es mala idea. El problema es que este hombre quiere prohibirlo todo, incluyendo “el funcionamiento de bandas en la vía pública, salvo que se trate de las Fuerzas Armadas y de Orden”. También quedaría prohibida la producción de “música de cualquier naturaleza” e incluso “a los vendedores ambulantes o estacionados, proferir gritos o pregones, usar pitos o campañillas”.
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El concepto recurrente entre los que suscribieron las mentiras con formato de programa de gobierno de la Nueva Mayoría, estaba el de Nuevo Ciclo Político, del que ya sólo hablan ciertas personalidades conocidas por lo despistadas y cándidas.
En la década de los sesenta, la política chilena estaba marcada por un fuerte “complejo de izquierda”. Luego del triunfo de la revolución cubana, en toda nuestra América Latina soplaron vientos de cambio y surgieron partidos y movimientos comprometidos con la reforma agraria, con la necesidad de universalizar la educación, recuperar la propiedad sobre nuestros recursos básicos y proponerse la redención de los pobres. El marxismo leninismo se convirtió en la ideología de moda y la propia Iglesia Católica tuvo que convocar a un concilio y con sus acuerdos y encíclicas sociales condenar al capitalismo, abogar por justicia social y asumir en los hechos la sacralización de la democracia.
Mientras incrédulos y desconsolados veíamos como el tiro de Pinilla golpeaba el travesaño del arco del Mineirao y nos privaba de haber dejado fuera del mundial al anfitrión. Mientras eso pasaba y nosotros pensábamos “jugamos como nunca y perdimos como siempre”, otra imagen nos dejaba con la boca doblemente abierta.
El Gobierno y la Comisión de Hacienda del Senado han alcanzado un “acuerdo nacional”, que por la espalda apuñala el “corazón” de la reforma tributaria. El país tiene motivos para sentirse “desilusionado”, como ha