
La abrumadora victoria del nazi Jair Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones brasileñas no debe ser subestimada. Brasil es la octava potencia mundial, con posición geopolítica de primer orden en América del Sur. Bolsonaro, descaradamente chovinista, misógino, racista, homófobo, proyanqui y prosionista, detesta los valores democráticos. Es la continuación del golpe de Estado contra la democracia, iniciado mucho antes del golpe parlamentario que tiró a Dilma con una extraña movilización de masas y una campaña mediática internacional que dibujó al PT como el único partido corrupto del país. Campaña salida del Departamento de Justicia estadunidense, promotor del caso Odebrecht y las miserables delaciones retribuidas.

De triunfar Bolsonaro en la segunda vuelta en Brasil, con sus 207 millones de habitantes, pasaría a formar parte de los países que tienen gobierno de ultraderecha en América, conformando el 66% de toda población de este continente, esto es, más de 600 millones de seres humanos. El tercer Reich de Hitler en su mejor momento (1941), logró tener bajo su dominio una población, que apenas superaba los 107 millones de habitantes. Es duro constatar que los herederos de este fracasado imperio del siglo pasado, con un pensamiento muy cercano a éste, hoy dominan en tan vastos sectores de la población mundial. ¿Qué ha estado pasando para que esto sea así?
En el vespertino La Segunda del viernes 5 de octubre, día que se celebraron
Algunos han tenido la honestidad de decirlo: ¡qué lamentable que el Frente Patriótico Manuel Rodríguez no haya podido ultimar a Augusto Pinochet hace tres décadas! De haberlo logrado, se habría cumplido lo que el Tirano señaló muchas veces cuando perseguía a sus opositores: “hay que matar a la perra para acabar con la leva”. Y, claro, si el atentado hubiera prosperado no tendríamos que lamentar hasta hoy la existencia de esa leva de políticos que lo siguieron en vida o lo han seguido después, consolidando el régimen jurídico, económico y social de esos diez y siete años de dictadura cívico militar.
Quien viajó a Estados Unidos a la Asamblea General de la ONU, resultó ser don Prudencio, el doble de Sebastián Piñera. Así se desprende de las informaciones que manejan los expertos. Otros, creen que el asunto es al revés. Don Prudencio permaneció en Chile y es quien remplaza al presidente en aquellos actos aburridos, pues debe referirse a temas baladíes, donde hay que tener un comportamiento formal. 
Ortega se reinventó a sí mismo en la soledad y se apropió de los símbolos de la vieja revolución y de su retórica antiimperialista
Uno de los documentos que ha tenido más influencia en el siglo XX, el Manifiesto Comunista, comienza con la famosa frase: