Una de las primeras tareas que debe enfrentar un gobierno de verdad democrático, es revisar la normativa por la cual el Cuerpo de Carabineros lleva a cabo sus misiones. Es una reforma que está pendiente.
Archivo periodístico 2005–2019
Una de las primeras tareas que debe enfrentar un gobierno de verdad democrático, es revisar la normativa por la cual el Cuerpo de Carabineros lleva a cabo sus misiones. Es una reforma que está pendiente.

Con base en los acontecimientos de orden político que vive nuestro país, en estos últimos días algunos columnistas de este y otros medios digitales, han hecho mención del concepto de “razón de Estado”, sin un mayor análisis del mismo. Pero, ¿cuál es la esencia del concepto?

Todos en el mundo conocemos a Hitler. Sabemos de su luctuoso ascenso al poder, de la destrucción de la democracia alemana, de su tiranía, de las persecuciones a sus adversarios, de sus asesinatos, sus campos de concentración, sus crímenes fuera de su país. También de la vida secreta suntuosa que se daba, de sus más inmediatos seguidores – la mayoría colgados por los tribunales después de su derrota y de su muerte- pero sólo ahora se sabe más de su yerno.

Cabe hacer hincapié en que esta crisis político-institucional del país tiene dimensiones nunca vistas desde la derrota de la dictadura a manos del pueblo a fines de los ochenta. Pero, además, ella abre una ventana enorme de oportunidades para cambiar las cosas, recuperar la democracia capturada y los derechos sociales. A condición de tener consciencia de ello y optar por la movilización de los actores sociales con una narrativa de la urgencia de actuar con objetivos claros y concretos conversados entre los sectores con más iniciativa política y convocatoria.
Sin el pueblo en las calles, la depresión presidencial y la pudrición del sistema va encontrar una vía de escape que tendrá apariencia y pomposidad de solución, pero que no será. Los pasadizos y oficinas secretas, que es donde reside el verdadero poder, ya habrán visto incrementado su movimiento para salvar la situación.
Una Universidad no solo entrega títulos profesionales, más importante aún que eso, una universidad es una institución dedicada a generar conocimiento, pensamiento, a contribuir al desarrollo social, a profundizar la democracia, a construir ciudadanía. Todo eso simultáneamente, indisolublemente.
El año 1992 en Brasil llegaba al poder Fernando Collor de Mello, un empresario vinculado a las comunicaciones que prometía acabar con la corrupción y mejorar las condiciones de millones de brasileros, al poco andar se detectó que su florido discurso contra la corrupción no era más que eso, discurso. En los hechos, él era un gran corrupto que intento hacerse del Estado para sus fines y el de los grandes conglomerados económicos y financieros. Las masivas movilizaciones lo echaron abajo.
…Hay también los intelectuales francotiradores o vinculados a corrientes de ultraizquierda europeas, que lanzan sus análisis críticos sobre los gobiernos progresistas latinoamericanos con gran desenvoltura, diciendo lo que esos gobiernos harían de equivocado, lo que debieran hacer, lo que no debieran hacer, etc., etc. Hablan como si sus tesis hubieran sido confirmadas en algún lugar, sin poder presentar ningún ejemplo concreto de que sus ideas hayan cuajado y demostrando así que se adecuarían mejor a la realidad que los caminos que esos gobiernos siguen.
Hay un hilo, sólido como el acero, que se hunde desde estos días hasta los aspectos más crueles de nuestra historia reciente. La catástrofe política, un estallido que se extiende hacia los espacios económicos e institucionales amenazando los sociales y culturales, tiene sus orígenes en el desmantelamiento del país como entidad política y social para reemplazarla por una basada en la individualidad, la competencia y el mercado.

¿Quieren echar a todo el mundo y que llegue un populista cualquiera; quieren otro militar?, se pregunta en La Segunda el ex senador y ex ministro Sergio Bitar frente a la actual crisis sociopolítica. La respuesta a esta triple interrogante es: sí, quién sabe, no.