
El Imacec de abril, que reveló un crecimiento de la economía de sólo 1,7 por ciento, ha constatado una relación bastante íntima, y altamente peligrosa, entre el clima político y el devenir económico. Un momento que tiene sus orígenes en noviembre de 2013, que se ha extendido y profundizado con el tiempo. El anuncio del empresariado tras la publicación del programa de la Nueva Mayoría y sus reformas, que advertía de un freno en la inversión privada, se ha convertido en una clásica profecía autocumplida. La economía chilena, que el año pasado tuvo una expansión de un escaso 1,9 por ciento, parece que durante 2015 repetirá el guarismo. El Banco Central, que inicialmente había proyectado con discreto optimismo un crecimiento en torno al tres por ciento para el próximo diciembre, ha comenzado a rebajar la meta, ejercicio que ha quedado ratificado con el magro Imacec de abril.
En el continente africano hoy se está librando una batalla muy importante entre el autoritarismo que criminaliza la homosexualidad y el pensamiento científico. Las relaciones afectivas y sexuales entre personas del mismo sexo son ilegales en 38 de las 53 naciones de África, y en cuatro de ellas se castigan con la pena de muerte.
Visto desde lejos, no se sabe si el gobierno va o viene. Si se mueve hacia un lado u otro. Es el efecto visual de aquello que permanece estancado, perdido en los médanos de su ineficacia, vagando sin rumbo en la bruma de la corrupción generalizada. Estancado. Comprometido con el azar de su propia inercia.
El Parlamento chileno de la IV República iniciada en 1990 tiene rasgos de ilegitimidad desde la cuna. Partió con integrantes elegidos con un tramposo sistema binominal. Su degradación llegó a tanto que el propio Pinochet fue parte integrante de él sin haber comparecido jamás a una elección.



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