León Trotsky, asesinado en México por un agente de Stalin en 1940, fue uno de los personajes más importantes de la primera mitad del siglo XX y el revolucionario que preservó y desarrolló lo esencial del aporte de Vladimir I. Lenin a partir de la muerte de éste en 1924. Su tiempo fue, como él mismo lo definió, una época de guerras y revoluciones
en la que el campo de batalla principal estaba en Europa y los trabajadores estaban aún en condiciones de triunfar (Guerra Civil Española, liberación de Yugoslavia, guerra de los partigiani italianos o insurrección en Grecia contra la monarquía y las tropas inglesas). En esa capacidad de lucha confiaba Trotsky para evitar la vuelta al capitalismo en la Unión Soviética y barrer el principal obstáculo a la liquidación del capitalismo, la burocracia obrera
soviética, socialdemócrata o sindicalista que defendía y difundía los valores y la ideología del capital, envenenaba la subjetividad de los explotados y los enfrentaba entre sí sobre bases nacionales, étnicas, raciales.
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