
Los extremadamente ricos han llegado a detentar ese nivel de poder económico no porque hayan trabajado más y con superior habilidad que como lo hace la inmensa mayoría de la población, sino porque se han valido de artimañas, muchas veces toleradas por la función pública en razón al recelo que ellos infunden. En Chile varios de éstos, quienes son las cabezas visibles de unas 20 familias, se hacen pasar por honorables hombres de negocios y lo penoso es que la opinión pública a través del tiempo ha estado creyendo reverencialmente esa bien orquestada simulación. Sostenemos que en el ADN de unos cuantos de estos empresarios está la irrefrenable búsqueda de acumulación de capital, sin importarles la vía utilizada.
En Argentina se vive un doble naufragio: el del siempre vago proyecto
En el otro largo periodo histórico de desarrollo con distribución de renta en América Latina –especialmente entre 1940 y 1970–, el modelo era compatible con las tendencias históricas del capitalismo a escala mundial. Asimismo, ese modelo encontraba a significativos sectores del gran empresariado cuyos intereses fundamentales eran contemplados.
Recién en estos últimos años nos estamos enterando de verdades que sólo algunos conocían. El último numerito lo comentamos con unos chistes sabrosísimos con los que acostumbramos los chilenos a defendernos de nuestras tragedias. Hoy nos reímos al comprobar algo insólito: nos cagan hasta con el papel “confort”.
¿Qué accidente genético, qué malformación en axones o encéfalos se debieron alinear para que un ser humano como todos en apariencia, rasgos, naturaleza y limitantes físicas y temporales, sea capaz de acumular riquezas al extremo de que ya no se sepa para qué?

