Dentro de 10 días –el 22 de noviembre– Argentina llevará a cabo la segunda vuelta de la elección presidencial, y en ese mismo acto se estará jugando la continuidad o un rudo golpe al proyecto bolivariano, sanmartiniano, martiano, chavista y fidelista de unidad e integración de América Latina y el Caribe. Ese con el que Hugo Chávez, Néstor Kirchner y Lula da Silva, como intérpretes de recias luchas de los pueblos de nuestra América, derrotaron hace 10 años en Mar del Plata el proyecto de recolonización impulsado por Bush y sus perros falderos, denominado pomposamente Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).




El amariconamiento endémico de la UDI da otra muestra de su perfección. Afectados hasta el sollozo porque una periodista hace su trabajo, y nos hace olvidar a su antecesor un correcto tanto como pusilánime periodista que no hacía más que permitir que sus entrevistados lucieran cómodos y relajados, no dudan en acusarla y tramar quizás qué venganza.
Las encuestas señalan que los partidos políticos son los que tienen menos prestigio y credibilidad en la población chilena. Transversalmente, no existen colectividades de verdadera raigambre popular y que tengan, a esta altura, un número respetable de militantes y simpatizantes. Por lo mismo es que en todas las últimas elecciones los candidatos vienen ocultando sus diversas denominaciones y, por lo general, lo que más destacan en su propaganda son sus propios y remozados rostros, así como algunas ideas fuerza o eslóganes con fines electorales más que proselitistas. Esto es, para conquistar al voto de la ciudadanía más apolitizada y, por qué no decirlo, ignorante.
