
Atardecía en Madrid aquel año 99 cuando en la plaza de la Inmaculada en la popular comuna de Leganés participamos en la inauguración del monumento a Salvador Allende. Estábamos allí con Rebeca junto a un buen número de leganeses, entre ellos las autoridades locales y numerosos compatriotas nuestros como el doctor Oscar Soto, médico del presidente mártir que estuvo en La Moneda aquel 11 de septiembre, chillanejo como yo y como Miguel Angel San Martín, periodista que entonces trabajaba en España y que nos acompañó ese día.Era octubre y ese día 8 el tribunal británico de Bow Street, liderado por el juez Ronald Bartle, había aprobado la extradición de Pinochet desde Inglaterra a España.
Conciudadanos de Santiago:

Me pregunto cuál es el límite de nuestro doble estándar, mojigatería, y de la indolencia que nos carcome. ¿Hasta dónde llegará nuestra zalamería? ¿Tendrá solución Guatemala? Me pregunto constantemente y muchas veces con la moral a rastras. ¿En qué momento la deshonramos así? 



