
Cada cuatro años la historia se repite, pero ni como tragedia ni como farsa: lo hace reafirmando los valores más nefastos del colonialismo cultural de Occidente. Nada se escapa a la economía de mercado, menos el deporte, cuya evolución depende de su condición de espectáculo. Las normas y reglas cambian según las necesidades de las firmas patrocinadoras, las empresas y entidades financieras. Las grandes marcas trasnacionales del deporte cubren todos los ámbitos, desde el avituallamiento, bebidas isotónicas (rehidratantes), barras calóricas, papillas, hasta los mass media, canales de pago, televisión por cable, radios especializadas, periódicos ad hoc y comentaristas exclusivos. Futbolistas, tenistas, atletas, cualquiera es válido, siempre y cuando su fama traspase fronteras. Una cara conocida en la pantalla asegura audiencia.
Leer más