
Ahora que una parte de nuestro país está inmersa en los aniversarios de la Gran Guerra, he creído oportuno traer a estas líneas uno de los acontecimientos más despreciables que conoció Francia al término de la Primera contienda mundial. Han pasado cien años de aquella sarracina; nuestro territorio continental lloró la muerte de 6 mil de sus jóvenes en una crónica de la que aún son testigos mudos cientos de monolitos que se dispersan por los rincones de Ipar Euskal Herria.


En la capital y los extremos norte y sur de Argentina viven y luchan tres de las mujeres más admirables del país sudamericano: Milagro Sala, Cristina Fernández de Kirchner y Hebe de Bonafini.
La vida de Fidel Castro, su historia, es la demostración palpable de que toda utopía, solo es posible cuando es confiada a la fuerza del pueblo y la capacidad de sus dirigentes en la vanguardia. En el hacer tanto más que en el decir. En el ejemplo. De la revolución cubana se ha dicho de todo. Y en uno y otro extremo han coincidido en el mismo error: considerarla como un hecho estático, concebida de una vez y para siempre. En medio, gente común que la entiende como suya, en el corazón, en donde esté.
La Defensoría Penal Pública ha removido a la abogada Manuela Royo debido a la molestia que sus declaraciones causaron al fiscal contra el cual litiga en defensa de chilenos-mapuches. A mi juicio esto es una violación flagrante de las normas del debido proceso.


