
Esto de ver a Chile desde la distancia y de enterarme de sus vicisitudes por el Internet—a veces también por la señal internacional TV Chile—tiene dos efectos: por un lado el alivio de que cada calamidad que allí ocurre no me toca directamente, pero al mismo tiempo—solidaridad que la llaman, o quizás cierto sentimiento de pertenencia basada en un instinto territorial—también indignación por los abusos, atropellos y un sinnúmero de otras iniquidades que mis compatriotas en Chile deben soportar, por el sólo hecho de estar viviendo allá.

En la actual situación geopolítica, Rusia es sin duda alguna el contrincante más fuerte para la contención de la expansión desenfrenada del poderío norteamericano. Entonces, no es de extrañar la respuesta de los globalizadores “iluminados” estadounidenses y sus lacayos de la OTAN para utilizar hasta los JJOO y así denigrar, calumniar y acusar a los atletas rusos en el fraude del dopaje bajo el control estatal de Moscú.
La estrecha alianza establecida entre los gobiernos de Argentina y Brasil a partir de la instalación de los gobiernos de Lula y Néstor Kirchner rompió con el largo proyecto estadounidense de afianzar su poder sobre el continente jugando a poner un país en contra del otro. Incluso en los años 90, EEUU hacía que ese juego funcionara en la negociación de las deudas de los dos países –así como México–, impidiendo, con el beneplácito de los presidentes de entonces, que la coordinación de los mas grandes deudores del continente los fortaleciera en contra del FMI, el Banco Mundial, el Club de París, y la Secretaría del Tesoro de EEUU.


A partir del hecho real que los dos grandes partidos históricos de la Izquierda chilena han capitulado frente al capitalismo se difunde que lo mismo da ser de izquierda o derecha, o mejor aún que esta contradicción no existe ya. Esto se promueve con pretensiones teóricas desde grupúsculos teledirigidos por senadores de moralidad dudosa y de manera más eficaz y agresiva por cultores del fascismo nativo.
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