
De la debacle de las izquierdas[1] y de las fuerzas populares en las elecciones municipales brasileñas de octubre de 2016[2] —fruto de la acumulación de errores tácticos y estratégicos, además de desviaciones éticas— surge un cuadro sobre el cual debemos reflexionar, para sacar lecciones necesarias. Tarea de quien quiere aprender de la historia y no seguir repitiendo errores. Hay muchas lecciones y la primera de ellas es la falacia de la conciliación de clases con la que tanto se enamoró el lulismo en el gobierno. Se trata, sin embargo, esa debacle, de una derrota que no puede ser recibida con sorpresa por ningún observador de nuestra escena política, pues fue anunciada (para quienes querían ver y oír) por la previa derrota en el debate ideológico[3] y la disputa por la hegemonía. Pero este hecho objetivo no cierra toda la historia y requiere un mínimo de contextualización. Es el difícil reto de este pequeño texto.

José Piñera es considerado el “padre” de las AFP, cuyo sistema previsional es considerado uno de los pilares del modelo neoliberal chileno impuesto en la dictadura militar y mientras se cae a pedazos en Chile, el ex Ministro de la dictadura de Pinochet, enfrenta el contexto sin ninguna capacidad de autocrítica y replanteamiento, por el contrario, lo ha defendido ciegamente, indicando a medios locales e internacionales 
Da la impresión que el esfuerzo principal de La Moneda es hacer que las cosas no solo sean difíciles, sino que evidencien una torpeza política de alta gama.
La gran contra rreforma económica y social de Pinochet radicó en las privati zaciones de las empresas del Estado como en su convocatoria a que los capitales foráneos vinieran a invertir a nuestro país. A precio vil, pudimos comprobar cómo se apropiaban los amigos y cómplices del Dictador de las más importantes compañías eléctricas, mineras y de servicios, empezando a amasar sus actuales fortunas, sobre todo desde que empezaron a revenderlas a las empresas transnacionales.
El reciente comunicado del Congreso Nacional Indígena (CNI) y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), 
Desde hace más de 15 años se reitera entre nosotros la gran pregunta: ¿qué podemos hacer por Haití?