
El desabastecimiento de productos básicos es dramático. No hay harina, no hay pollos, no hay medicamentos, detergentes ni toallas higiénicas. Colas interminables frente a almacenes y supermercados, con sus estanterías semivacías, que se exhiben una y otra vez por los canales de televisión de todo el mundo. El país se muere de hambre. Prolifera el mercado negro para casi todo. Hiperinflación. Huelgas gremiales generalizadas. Torres de alta tensión dinamitadas, que generan frecuentes apagones de luz. Violencia callejera. Los guarimberos de Patria y Libertad enfrentan heroicamente a los brigadistas de la Ramona Parra que los agreden con sus mortíferas brochas.
Si algo no puede criticarse de Trump es su sinceridad. Tanto en su campaña como a lo largo de su gobierno ha dicho y ha practicado que su prioridad es “hacer grande de nuevo a Estados Unidos”. Es decir, una búsqueda de la hegemonía mundial que tuvo después de la segunda guerra mundial. De que toda otra consideración, sea la paz y seguridad mundial; la vigencia de la democracia y de los derechos humanos; e, incluso, la sustentabilidad ecológica del planeta, pasan completamente a segundo plano.






