Los días 1 y 2 de septiembre, la Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi, en el marco de la vigésima conmemoración de su apertura como sitio de memoria y conciencia, realizó un seminario internacional que revisó los principales ámbitos de trabajo de los espacios de memoria y derechos humanos en Chile y en América Latina -verdad, justicia, políticas de memorias, educación en derechos humanos, memorialización, entre otros-, a partir de la interrogante: ¿existen reales garantías de no repetición del terrorismo de Estado?
No nos extrañó que varios diputados y senadores, vía la acomodaticias figura de asesorías externas, pedían a sus amigos que les elaboraran informes que eran copiados de documentos existentes, los cuales con fondos públicos eran rigurosamente pagados. No nos consta que entre cada parlamentario y cada consigliere se repartieran mitad y mitad esos dineros mal habidos, pero podría ser posible que ello ocurriera si nos atenemos a la decisión adoptada por el Senado. Resultó grotesco que la llamada Cámara Alta se opusiera a entregar al Ministerio Público esos denominados informes técnicos y legales, con los cuales esos legisladores podían ejercer bien sus labores.
Cuando ganó las elecciones Otto Pérez Molina, pensé que Guatemala había tocado fondo, una sociedad que fue incapaz de enjuiciarlo por los crímenes de lesa humanidad lo estaba llevando a la presidencia, aquello fue una puñalada por la espalda a los familiares de las víctimas y una falta a la Memoria Histórica y a la dignidad, de por sí.
Lucía Topolansky, histórica compañera de José Pepe Mujica, se convirtió en la primera vicepresidenta de la historia de la República Oriental del Uruguay. Una noticia significativa en medio del cimbronazo de Raúl Fernando Sendic: de los laberintos se sale por arriba, dice el dicho, y el frenteamplismo parece dispuesto a aprovechar la repentina crisis para volver a hacerse fuerte de cara a las próximas presidenciales.
Cada humano tiene una aproximación a la realidad que la hace ser necesariamente parcial y sesgada, por tanto, todos debemos bajarnos del podio, del púlpito o del proscenio, para hablar desde nuestra humilde condición de menesteroso pretendiente, es decir con limitadas expectativas.
Dieciséis años después de los atentados del 11 de septiembre que justificaron el negocio de la guerra infinita contra el terrorismo yihadista, la amenaza terrorista se va extendiendo cada vez con más fuerza. Sólo en Afganistán, país ubicado en el corazón de Asia Central que, por tener frontera común con China, Irán, y los ‘espacios soviéticos’ e India, se ha convertido en el territorio más estratégico del mundo para EEUU, ya que Washington ha utilizado a esta turba polpotiana en cuatro ocasiones concretas:
En una ceremonia para recordar los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, Donald Trump declaró que
Entonces, poseídos por clasismos megadelirantes redireccionan en septiembre del 73 sus arsenales de conspiración y odios. Es que no podían permitirse prolongar por más tiempo sólo el sabotaje; mil días confabulando resultaron extenuantes; había llegado la hora de “hacer patria, señores”, y no podían permitirse disparos a la bandada. Por esta razón, la mira es teledirigida esta vez hacia un solo blanco: el Presidente Allende. ¿La razón? Éste representaba la inminente y “terrorífica” amenaza de restituir la dignidad humillada de millones de desheredados y la consiguiente pérdida de la propiedad vitalicia de una teta insoltable y privativa de una casta de privilegiados “sin apellidos mapuches”.
De prisa viajan las nubes grises en el cielo cerrando el paso a los tenues rayos de sol y el viento frío de Abril, arrebata de los árboles las primeras hojas doradas que anuncian la llegada del otoño a la ciudad de Santiago.