Terminaron las fiestas “dieciocheras” en nuestro país. Son las llamadas “fiestas patrias” con empanadas, vino tinto o chicha, asados, cuecas, desfiles militares, misas, viajes, paseos, feriados, largos discursos, promesas de días mejores, etc, etc….Todo se justifica con el argumento de que se conmemora la independencia de nuestra nación del dominio español, lo cual es absolutamente falso.
He realizado seis entregas reflexionando sobre el tema de la fragmentación desde distintos ángulos: electoral, social, político, institucional. En mi entrega anterior comencé a discutir sobre la narrativa de la fragmentación. No se trata sólo de un propósito deliberado de sectores de las élites políticas y económicas, sino que aún en sus expresiones espontáneas, tiene un mismo sustento discursivo.
En Chile tienen estatuas todos los políticos que se lo merecen.
Con motivo del envío, por parte del Ejecutivo al Congreso Nacional, de un proyecto de ley que reforma el texto legal llamado Ley Valech, ha habido una serie de reacciones y declaraciones en que, especialmente los involucrados, se han manifestado a favor o en contra, según sea el caso. Otros, como el ex presidente Ricardo Lagos, han tratado de explicar el porqué de la inclusión del artículo 15, del Título IV, del Secreto.
Todos lo sabemos, Guatemala necesita urgente una revolución. Pero en lo que se averigua nos vamos a silbar a la loma. Que entre pancartas, gritos, batucadas y chinchiletes, entre lloraderas escuchando el himno nacional, y en trance de fervor patrio, la consigna parece ser ponerle curitas al sistema podrido que tiene colapsado al país. Curitas como si aquello se tratara de un raspón de rodilla en tarde de chamusca o técnicas al paredón. El sistema no cambiará con la renuncia de Jimmy Morales ni con la de los diputados, eso posiblemente ya se está trabajando bajo de agua, y si ni nos mosqueamos nos van a majear de nuevo con otro gabinete de corruptos.
Caracas. El chavismo vive creativo y animado de una redoblada voluntad de paz y vida para Venezuela, nuestra América y el mundo, su formidable victoria ante la mayor y más prolongada arremetida de Estados Unidos y las derechas. Es lo que se respira nomás llegar a esta urbe, caminar sus calles y hablar con el pueblo en los parques y plazas del centro regional y mundial de la resistencia contra el imperialismo, y por la construcción de una sociedad alternativa.
Estados Unidos siempre ha tenido el temor de no poder mantener dos guerras a la vez. En el entusiasmo del consenso logrado para invadir y destruir Afganistán –chivo expiatorio de los atentados a las Torres Gemelas, para librar de responsabilidades a Arabia Saudita, su aliado carnal–, el gobierno estadunidense se lanzó, en ese momento sólo con el apoyo de Gran Bretaña, a invadir y a destruir el país de la más antigua civilización del mundo –Irak, y década y media después todavía están por allá. No han logrado salir de ninguno de los dos países, a pesar de haberlos destruido.
Las disputas por la tierra y el territorio forman parte de los conflictos más antiguos de la humanidad, y al mismo tiempo que ésta, han ido cambiando de tal manera que podemos identificar las formas y métodos de despojo predominantes, así como los sujetos antagónicos que protagonizan estas luchas en cada fase histórica.
El viernes 15 de septiembre reciente el vespertino La Segunda, a página completa, publicó una inserción publicitaria, con apariencia de noticia, titulada “Tenemos un plan de inversión quinquenal de US$ 500 millones”, recogiendo la opinión del gerente general de Echeverría Izquierdo, una de las seis empresas constructoras más poderosas del país. El hombre decía en la entrevista, entre otras cosas, que “vemos un escenario optimista a futuro”.