
Los sistemas digitales de comunicación están reemplazando, desde hace años y día a día con fuerza creciente, el papeleo en casi todas las actividades públicas y privadas, aunque todavía quedan rezagos en algunos sectores muy conservadores o perezosos, quienes se niegan a utilizar las diversas aplicaciones que la innovación tecnológica nos entrega a todos en la totalidad del mundo.





Este pasado 17 de diciembre no fue el 19 de noviembre. Chile parecía podía remontar los cursos de la derechización feroz que los sectores más conservadores de América Latina han venido cobrando uno a uno sobre los proyectos “progresistas” latinoamericanos. No se pudo. Gana nuevamente una ideología profundamente arraigada no solo en las clases altas, sino también –y sobre todo- en las bajas, en aquellos que aspiran a enclasarse. Esos, los mismos que han sido objeto tanto de la focopolítica como de la explotación más absoluta, que en el fondo es la misma cosa.
¿Es posible que este país tan especial haya inventado una particular reelección presidencial, algo así como una hiperalternancia? Por supuesto que lo es. Entre 2006 y 2022 los chilenos solo habrán sido gobernados por dos personas. La que inauguró esta residencia de 16 años en La Moneda, fue la ciudadana Michelle Bachelet, cuando en marzo de 2006 asumió su primer mandato, hasta marzo de 2010; oportunidad en la que fue reemplazada por Sebastián Piñera, quien permaneció en el cargo hasta marzo de 2014, a la espera que su antecesora retornara desde Nueva York, para sucederlo hasta marzo de 2018, ocasión en la que ella le devolverá el cargo por segunda vez, hasta marzo de 2022.
Ya hubo indicios en marzo de este año, con la profusión mediática de cuestionamientos a la continuidad del juzgamiento a los genocidas argentinos, de la mano de la defensa de la legitimidad de la represión ante quienes