Los presidentes de la República, más aún si son Jefes de Estado, viven de la palabra. Como los actores de teatro, los cantantes y los curas.
En regímenes capitalistas y neoliberales, más aún, porque los jefes de los poderes del Estado pesan poco en las decisiones económicas, que están en manos casi exclusivas de los bancos, los propietarios de los grandes servicios públicos, las AFP, las Isapres, las grandes tiendas, los empresarios “que dan” trabajo. En Chile más del 80% de la economía está en manos de los grandes capitalistas.
La semana pasada el gobierno presentó a la opinión pública las resoluciones de una mesa de trabajo por la Seguridad Pública, integrada por una diversidad de actores políticos e institucionales. Dicha instancia habría realizado una serie de recomendaciones en la materia, entre otras, la constitución de un supra organismo de inteligencia el cual denominarían Consejo Nacional de Inteligencia, cuya sigla, CNI, provocó la inmediata reacción de las organizaciones de defensa de los DD.HH. y el manifiesto repudio al traer a la memoria la Central Nacional de Informaciones, ese siniestro organismo de represión política, tortura y exterminio utilizado por la dictadura cívico militar.


En América Latina, el Socialismo del Siglo XXI es un proceso cuyos orígenes se remontan al menos a las luchas por la Independencia del colonialismo español. Antecede con mucho a la instauración del socialismo real de la Unión Soviética que tiene antecedentes históricos, contexto y características diferentes. Si bien los objetivos del Socialismo del Siglo XXI están definidos, no lo está su meta temporal porque el socialismo es un proceso siempre perfectible. Se avanza a velocidades distintas en cada país de acuerdo con sus condiciones objetivas propias. Por eso mismo, tanto se avanza como se retrocede, aunque manteniendo siempre el futuro socialista como objetivo, en tanto se frena al neoliberalismo y se pone en evidencia al capitalismo y al imperialismo. Al ideario de Martí, Fidel y el Che se le suman los idearios de Bolívar, Mariategui, Allende, Chávez, y de los pueblos indígenas, entre otros, para inspirar este proceso cuyas características fundamentales son la solidaridad; la democracia participativa e inclusiva; una nueva ética; y una nueva forma de gobernar y hacer política.
Ante la derrota catastrófica de Alejandro Guillier, ahora han aparecido, como callampas, varias derechas: la “rabanítica”, de Joaquín Lavín; la socialcristiana puentealtina, de Manuel José Ossandón; las “aventuras en el desierto, de Andrés Allamand; la derecha moderada, de Felipe Kast; la de los empresarios “altruistas, del ministro de Desarrollo Social, y otras cuantas que van apareciendo con el transcurrir del tiempo.
En la mitología griega existían los establos de augia, atiborrados de excrementos, y el quinto trabajo de Hércules consistía en limpiarlos y, para lograrlo, desvió el curso del río Alfi. El mismo escritor, Gonzales Prada, decía que “los peruanos ni aman, ni odian, sólo olvidan”.
Lo que parece una desatinada expresión del Ministro de Educación, visto desde los principios más anidados de la ultraderecha chilena, no dice sino lo que de verdad piensa respecto de los derechos sociales. Él y todos los demás.
¿Estamos gobernados por una cáfila de corruptos, bolicheros, timadores y cínicos? ¿O de verdad, con el corazón en la mano y sentados frente al polígrafo, estas autoridades nuestras creen que realmente están trabajando para el país?