Las renuncias están a la orden del día: primero, el Papa Benedicto XVI dimite, al darse cuenta que no puede dominar a las mafias que pululan en el Vaticano y, a nivel enano, en Chile lo imitan prohombres como Jovino Novoa y Eduardo Frei Ruiz-Tagle y últimamente, Patricio Melero, quien prefiere seguir como diputado y no postular al senado.
En esta hora en que la figura de Hugo Chávez pasa la historia de Venezuela y toda América Latina, resulta importante analizar el legado político de su gobierno, plasmado en la “Revolución Bolivariana” En una mirada panorámica se detectan ciertas líneas maestras que han orientado esta revolución de nuevo cuño en el presente siglo. Entre las muchas singularidades, habría que poner atención a las siguientes.
Esto es irreversible, me dijo una señora en el barrio de La Vega (Caracas) hace seis años cuando le pregunté qué pasaría si Hugo Chávez muriera. A pesar de algunos medios y multinacionales, creo que no le faltaba razón: para las mayorías sociales en Venezuela la vida no volverá a estar marcada por el destino genético de la explotación y la miseria.

El funeral de Hugo Chávez dibujó un retrato de una América Latina renovada. Presidentes de derechas e izquierdas mostraron una Región unida y diversa, más independiente de Estados Unidos y respetuosa del pluralismo político. Una realidad muy diferente a la que habitualmente se proyecta en los grandes medios de comunicación occidentales, acostumbrados a demonizar a Chávez y estigmatizar a los países latinoamericanos en buenos y malos.
La estrategia de la distracción. El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes.
La personalidad de Hugo Chávez, como la de todo líder carismático, posee múltiples facetas que hacen muy difícil elegir cuáles de ellas han sido las predominantes de su vida política.
No nos engañemos, la entrada de Hugo Chávez en la política latinoamericana no fue bien vista. El 4 de febrero de 1992 las noticias hablaban de un intento de golpe de Estado en Venezuela. Las mentes de la izquierda no visualizaron un militar reformista o nacionalista, el imaginario se trasladó a dictadores como Augusto Pinochet. Y desde luego por su graduación, teniente coronel, a las maniobras desestabilizadoras de los oficiales argentinos liderados por el neofascista, cara pintada, Aldo Rico.
El cónclave que dará inicio el próximo martes 12 de marzo será uno de los más tensos en la historia moderna de la Iglesia católica. Las fuertes presiones internas y externas a que están sometidos los cardenales electores marcan un ejercicio inédito.