
Por estos días en Argentina los medios de comunicación nos bombardean sin parar con las bondades del nuevo papa. Por todos lados se hace énfasis en su humildad, carisma, generosidad, capacidad de comunicación, tolerancia y un largo etcétera de excelsas virtudes. Pero en especial, se resalta su preocupación por la pobreza y se subraya su proclamado objetivo de “Promover la Iglesia pobre y para los pobres”. Casi todo el arco político local también se ha sumado a la exaltación. Algunos incluso hablan de una “revolución”, que está por cambiar al mundo.







Mi último ensayo sobre el diario El Clarín de Chile, y la “Libertad de prensa”, como era de esperar encolerizó al sumo sacerdote del oráculo mercurial Agustín Dunny Edwards y a sus paniaguados: “rechazamos a los ideólogos de las ONGS ideologizadas que viven buscando ocasiones para difundir sus consignas ideológicas disfrazadas de argumentos científicos para atacar a la Libertad de prensa y a la democracia que tanto nos ha costado recuperar. ¿Los nostálgicos del Clarín, no tienen suficiente con el Diario La Cuarta?”. Lo que me faltaba, comparar nuestro Clarín con este pasquín de “cuarta”, cuyos plumarios por la limosna de la sofofa, “se echan encima el arreo servil y la sonrisa rastrera de los lacayos. No merecen escribir para y por el Ciudadano, quienes no saben respetarlo y defender sus derechos”.
