
El Juntos Podemos ya no existe. Digamos que fue un buen instrumento y estaba vestido con su pasado histórico y las urgencias de los tiempos actuales, pero no logró instalarse en el movimiento popular y sus organizaciones sociales para convertirse en un creíble instrumento de poder, o un consistente político opositor para hacer política seria. Queda en el recuerdo los que bajo banderas eternamente vigentes y constructivas, terminaban llamando a votar por el mal menor.


Longueira –el duro, el pragmático, el amo y señor del tablero parlamentario de los rubiecitos y de los dirigentes poblacionales, el coronel que ahora sí tiene quien le escriba, el aglutinador del amor/odio del gremialismo, el que tiene línea directa con el purgatorio, el gran tapado de la UDI Popular, el ungido, al fin– no va ser el próximo Presidente de la República por los méritos del actual gobierno, ni porque la derecha sea la mejor alternativa para el país; ni siquiera por sus propios méritos. Longueira será Presidente de Chile por una sola razón: según la alternancia pactada a inicios de los noventa, entre vencedores y vencidos del 73 y del 88, esta vez le toca a la UDI. No a los independientes (A esos nunca les tocará). Ya le tocó dos veces a la DC, dos al PS, una a RN. Es el turno de la UDI. No sólo eso: Longueira también gobernará con mayoría parlamentaria.





