
La candidata Michelle Bachelet pretende ser una virgen, sin experiencia presidencial anterior: si se le pregunta por los “pingüinos”, por el Transantiago o por el maremoto, con frecuencia responde con evasivas – lo mismo hizo cuando fue Presidenta al no reconocer los errores durante su mandato – en el caso de los “pingüinos”, pagaron los ministros Andrés Zaldívar y Martín Zilic; en el desastre del Transantiago, el ministro Sergio Espejo, de Transportes; de la tragedia del maremoto, al subsecretario del Interior, Patricio Rosende.
El presidente Barack Obama no tiene nada que envidiar a George W. Bush en lo que se refiere a pisotear la Constitución y los valores fundacionales de Estados Unidos. Es más, en lo concerniente al espionaje masivo de las comunicaciones de millones, incluyendo el de sus propios conciudadanos, propiciado por la Ley Patriota, el actual inquilino de la Casa Blanca ha superado con creces las cotas alcanzadas por su antecesor.
En una columna publicada en Chile B sobre el primer debate presidencial, José Antonio Viera-Gallo plantea que, “salvo José Antonio Gómez, los demás tenían planteamientos no sólo bien estudiados, sino realizables. La imagen que dejaban era la de políticos serios. Gómez jugó en otra cancha, buscando el voto duro de izquierda. Pero desentonaba cuando postula por el Partido Radical”.

Quedan nueve meses para que asuma un nuevo gobierno que administre uno de los momentos históricos de mayor movilización que han entregado los ciudadanos en al menos 20 años. Movilización, que requiere mayor articulación, pero que en términos de estructura tiene sectores como el estudiantil donde a continuación se argumentarán las razones de la consolidación de sus orgánicas y su proyección en la sociedad.
Bachelet mostró la hilacha en el debate de primarias concertacionistas. Las propuestas televisivas fueron todas medias tintas. Lo justo para poder diluirlas más, retroceder y consensuarse con el ala conservadora de la Concertación. Así el bacheletismo se otorga margen de maniobra. Es el patrón de conducta de la política socialdemócrata liberal a la Blair y a la Hollande: prometer en campaña para no cumplir después en el gobierno. Con respecto al cambio de Constitución, es claro que Bachelet opta por la “vía institucional” de las reformas, sometiéndose de hecho a las presiones del sector reaccionario de los partidos, los Escalona, Viera Gallo, Andrés Zaldívar, Walker, Tironi, Correa, Velasco y tantos otros.
Si se escarba, se puede encontrar lo relevante del debate entre los precandidatos de la Concertación: los temas que abordaron fueron puestos en sus agendas por los estudiantes. De no ser por ellos, ni los habrían tocado.
La mayoría ciudadana pide cambios. Hoy no sólo quienes llevamos la mochila cargada con sensibilidades de izquierda estamos solicitando transformaciones al modelo. Los vientos de cambio soplan también en las alas liberales de la política. Con agrado veo hoy a Cristóbal Bellolio, hombre de centro derecha, abogando por una asamblea constituyente.
La anterior pregunta sólo puede extrañar a la nueva generación de jóvenes o a los políticos que intencionalmente han intentado sacar algún rédito o simplemente carecen de los antecedentes históricos mínimos para emitir un juicio al respecto (en este último grupo creo que no hay pocos).