
Todo el mundo sabe en Chile que la problemática social y económica que agobia a la mayoría nacional, posee una connotación fundamentalmente moral. El pueblo segregado de toda opción de poder grita en las calles y con la más profunda indignación, que Chile necesita una revolución moral y social, que instale en el corazón y en el cuerpo de la gestíon política y del Estado, el imperio de la razón, de la ética y de la justicia.








