
La derecha chilena no es democrática. Jamás lo ha sido. En lo tocante a masacres de trabajadores, campesinos e indios, explotación, abusos y tragedias, ha llevado la voz cantante durante lo que va de historia.
Archivo periodístico 2005–2019

La derecha chilena no es democrática. Jamás lo ha sido. En lo tocante a masacres de trabajadores, campesinos e indios, explotación, abusos y tragedias, ha llevado la voz cantante durante lo que va de historia.

La secularización del poder es un mito. La separación Iglesia-Estado no deja de ser una ficción. Presidentes, diputados, senadores, alcaldes juran ante Dios. Los símbolos religiosos están presentes en los espacios públicos. Estado laico o aconfesionales adoptan rituales políticos, acompañados de cruces, medias lunas, budas, biblias, Torá, etcétera. Dirigentes asumen morales católicas, protestantes, islámicas, judías, siendo unos devotos practicantes de su fe. Sus mandatos suelen dar cuenta de ello.
Una de las características de las últimas elecciones, tanto en Brasil como en Estados Unidos, es la polarización, por consiguiente, la desaparición del centro político y sociológico. Giovanni Sartori, en su obra Partidos y sistemas de partidos: marco para un análisis, Alianza Editorial, Madrid, 2005, analiza la polarización basado en el caso chileno de 1973.
Francia, país algo más serio que el nuestro y con muchos siglos más de historia que Chile, dejó muy claro a Piñera y sus ministros, muy faltos de conocimiento de la diplomacia, y a la derecha chilena desmemoriada, que el asilo político procedía en el caso de Ricardo Palma Salamanca.
De haber participado Luiz Inácio Lula da Silva en los comicios presidenciales de Brasil… ¿estaríamos hoy asustados tras el triunfo de Jair Messias Bolsonaro? Creo que no. Y creo también que en aquel país territorialmente gigantesco y culturalmente complejo, las nociones de pueblo
y sociedad
discurren en espacios yuxtapuestos y entrechocados.

En las elecciones intermedias del 6 de noviembre de 2018, el Presidente Trump es el actor principal: de obtener los Demócratas la mayoría en la Cámara de Representantes, cuyo total es de 435 miembros, y dos tercios de los senadores, lo que sería casi imposible pues se eligen sólo 35, es decir, 2 tercios de los 100 senadores que integran la Cámara Alta, se podría aprobar el empeachement contra el actual mandatario; sin embargo, si logran los Demócratas la mayoría en la Cámara de Representantes tendría la posibilidad de iniciar el juicio político – así lo perdieran en el Senado -, y paralizar legislativamente los proyectos emblemáticos del gobierno.
Para Soren Kierkegaard la vida es una enfermedad mortal; para Albert Camus, en el Mito de Sísifo, el suicidio es el principal problema de la filosofía – recordemos que Sísifo fue condenado al absurdo de arrastrar una piedra, una y otra vez, hacia la cumbre de una montaña -; los nihilistas niegan todo sentido de la vida, pero no todos se suicidan pues conviven con el absurdo; para J. P. Sartre la muerte es el fin de toda posibilidad de elección; para Martín Heidegger el dasein es una perpetua elección de posibilidades – en la obra El ser y TIEMPO, la muerte es el fin de todo proyecto de elección -.
Ricardo Palma Salamanca está muy bien donde está y así debía ser. Piñera pensó que estando en Francia bastaría que él solicitara al Presidente Macron el envío a Chile de Palma Salamanca para que aquello sucediera. Piñera, el que fue criado al amparo de la dictadura militar, agraciado con el beneplácito militar de no ir a la cárcel, salir impune luego de robar a los del Banco de Talca, Piñera jefe de campaña del candidato de Pinochet en las elecciones de 1989. Ciudadano con patente de corso en los paraísos fiscales.
Los que critican el asilo sostienen básicamente:
El asilo se da a una persona que mató a Jaime Guzmán siendo ya Senador de un Chile que vivía en democracia y, además, se otorga desconociendo el Estado de Derecho del país.