El Club de la República, corporación sin fines de lucro, relacionada con la Gran Logia Masónica de Chile, en el año 2000 le había comprado, después de una licitación pública, a la Municipalidad de La Reina un terreno de 14.000 m2 situado en la esquina de la Avenida Larraín con la calle María Monvel, el que, a su vez, le había sido donado a ese municipio por el Comando de Apoyo Administrativo del Ejército. Esta cesión gratuita era una especie de contraprestación por la asignación de normas urbanísticas en el Plan Regulador Comunal (PRC) a otros predios que tenía tal rama de la FFAA en esa comuna.
En Estados Unidos – la meca del capitalismo – los delitos económicos se pagan con cárcel y las multas aplicadas son equivalentes a tres veces lo defraudado. En esta cueva de ladrones de este Chile financiero no hay cárcel para delitos cometidos por “caballeros de cuello y corbata”, y las multas ascienden apenas a un tercio de lo defraudado. El financista que no estafa es un “gil” y, seguramente, se estancará en su carrera de ascenso económico en este país consagrado a “Mamón”.
Don Héctor Soto, gran comentarista de cine de La Tercera, nos dice y le dice al gobierno, al que ve cada vez ve peor: Tatatatán…: “Pongámonos serios: los acuerdos fueron, son y serán el gran insumo de la política”. 




Los chilenos somos unos malagradecidos con el rebelde Francisco Bilbao: sólo hace muy pocos años pudo ser enterrado en su patria. Bilbao, en el exilio, pensó un gran proyecto de unidad sudamericana.