Seré muy incorrecto a los ojos de nuestras élites de poder político, económico y comunicacional. Sería interesante que usted lector/lectora pudiera asomarse al trabajo de Matías Wolf, “Chile desde fuera”. Allí se recopilan videos, documentales y entrevistas, poco conocidas, realizadas antes y después del golpe de Estado del 73. En uno de esos videos vemos al ex ministro de Pinochet, S. O. Jarpa, en ese momento, militante prominente del Partido Nacional, opinando sobre los primeros seis meses del gobierno de S. Allende. ¿Por qué lo destaco? Por los sucesos y situación que está pasando un país hermano como Venezuela. El documentalista francés reflexiona con Jarpa sobre las reformas que acomete la UP; reformas, le dice el documentalista, que serán difíciles de revertir el día de mañana. Jarpa, con el cinismo acostumbrado de las derechas, dice que piensan darle batalla al gobierno UP y revertir sus reformas por vías legales ¡y eleccionarias! Dice eso en medio de la campaña ya desatada por el gobierno de USA y sus socios de acá para desestabilizar ese gobierno y para impedirle, al costo que fuera, tener éxito. Usted lo sabe: los USA no podían permitir que un gobierno con un proyecto de cambios sociales, económicos y culturales profundos como el que planteara esa alianza, tuviera éxito por medios convencionales, es decir, eleccionarios. Viniendo a mostrar, de paso, que bajo el capitalismo cualquier expresión “democrática” tiene sus límites.

Se ha hablado bastante sobre la compra en $ 6.500 millones, por parte de la empresa Caval, de las 44 hectáreas rurales situadas en Machalí, las que después de unos meses fueron vendidas en $ 9.500 millones a un empresario de Rancagua que desea interponer acciones judiciales en contra de dicha empresa porque su esperanza de que se aprobara rápido el cambio de uso de suelo se ha diluido por el escándalo mediático que se observa. 
Esta célebre frase del Fiscal Carlos Gajardo es la mejor pintura de la anomia que caracteriza la sociedad chilena actual. Bajo los antivalores predominantes de las castas en el poder económico-político, el rol de la empresa y de sus propietarios no consiste en dar trabajo, crear bienes y servicios para toda la comunidad, contribuir al progreso de nuestro país – con ribetes de cinismo como lo afirmaba Carlos Alberto Délano, hoy huésped de honor en la cárcel Capitán Yáber – sino que siempre buscar la mayor rentabilidad personal posible, alfa y omega de su actuación y su único ethos.
Un tribunal examina ilegalidades de dos, tres o más grupos económicos. Se oyen opiniones sobre los hechos.
La presidenta Bachelet navegó por aguas turbulentas durante 2014. Enfrentó una obstrucción al borde de la sedición de la derecha, que controla casi todos los medios de comunicación del país, un regalo de Pinochet.

Hay un viejo chiste gallego que cuenta que un también viejo almacenero, de mal genio, todas las relaciones con los demás las hacía sólo ¡por joder!, porque le gustaba joder la cachimba, como decimos en Chile, y joderlos a todos, a los que venían a comprar al almacén, a sus empleados, a sus vecinos, a sus familiares. Era tal su jodedumbre que, al final de su existencia, pidió, desde su última cama, comer algo de queso antes de entregar su alma al demonio. Cuando cortésmente le trajeron el queso pedido, simplemente lo rechazó de un tirón “porque lo que me trajiste no es queso, es jabón”, “lo que me habéis traído, en mi lecho de muerte, es jabón”. “¿Cómo va a ser jabón”, le retrucaron sus familiares y mozos, “Si lo hemos sacado del mismo aparador en que Ud. guarda el queso que vende…Es queso, señor, de los que Ud. prepara y pone en venta!” Porfiado como el que más, el almacenero no tomó bocado y volvió a la nada sin probar queso alguno, “que no lo es”, sabiendo que lo que se le ofrecía era precisamente queso y del bueno…Todo ¡cómo sería! por joder a los de casa, a los mozos, a los vecinos que habían llegado a compadecerse, a todos. ¡Por joder!