<<Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón (…) no pienses más, sentate a un lao, que a nadie importa si naciste honrao… es lo mismo el que labura noche y día como un buey, que el que vive de los otros, que el que mata, que el que cura o está fuera de la ley>>
“Más vale tarde que nunca”: en una semana de investigación se conoció el informe de Investigaciones sobre el asesinato con alevosía de Camilo Catrillanca. Las acusaciones en contra de los sargentos Raúl Avila, y Fabián Alarcón y el cabo 1º, Braulio Valenzuela y del suboficial Patricio Sepúlveda, cuyos cargos serían el homicidio contra Catrillanca; el homicidio frustrado contra el niño acompañante y obstrucción a la justicia por la destrucción de la prueba principal, es decir, la tarjeta-memoria que grabó el crimen.
¿Nos hemos preguntado, en algún momento, por qué pasa lo que está pasando en nuestro país? Es que cada día surge una nueva noticia que nos remueve la conciencia (sólo a algunos por cierto, en ningún caso a los “tecnozombies”), pero pareciera que es una hoja al viento en otoño y que no tuviera ninguna trascendencia, porque al día siguiente surge otra y la del día anterior se va por la alcantarilla.

Estamos viendo la vuelta a Haití de haitianos que habían elegido Chile para vivir mejor. No sabemos si la embajada de Haití ha informado a los retornantes acerca de la situación que los espera en su patria. Tampoco si lo han hecho los ahora voluntariosos funcionarios de nuestro gobierno que los atienden tan amables para subirlos al avión.
Era completamente previsible que las fuerzas armadas y policiales que estuvieron tan largos años tuteladas por Pinochet e instigadas a cometer los más atroces crímenes contra nuestra población, finalmente perdieran también sus escrúpulos en materia de probidad. Que a sus graves violaciones de los Derechos Humanos sus efectivos sumaran posteriormente todo tipo de acciones al defraudar al Estado, apropiarse de los recursos fiscales y acometer otra suerte de delitos a fin de enriquecerse personalmente. Al grado de convertirse en proveedores de armas de las bandas de delincuentes comunes y narcotraficantes, tal como hoy se sabe o, más bien, se asume públicamente.
Se puede afirmar que en Chile no existe una figura destacada en el campo de la estrategia militar, que se desprenda del linaje criollo. Del pueblo mapuche no se puede decir lo mismo: los únicos estrategas de peso histórico, nacidos y criados en el suelo de este extremo Este y Sur de América,
En la segunda mitad del siglo XIX el francés Aurelie Antoine Tounens, (1825-1878), un poco antes de la llamada “pacificación de la Araucanía”, (1881), fue proclamado por un grupo de lonkos como rey de la Araucanía y de la Patagonia. Antes de la ocupación chilena el territorio mapuche se extendía desde el Bío Bío hasta Chiloé, desde el Océano Pacífico al Atlántico.