Quién lo diría, pero ya transcurridos los primeros 15 años del siglo XXI, y cuando la preocupación principal del país debiera ser la meta del desarrollo pleno -dotando de valor agregado al mero crecimiento económico-, no solo se continúa en la lógica de la misma balanza comercial (exportación de comodities e importación de tecnología de alto costo), y girando en torno al odio ancestral, producto de la inexcusable incapacidad de resolver las controversias sociales, económicas y judiciales, sino que se sigue validando la tesis del cientista político Arturo Valenzuela, respecto a las causas del quiebre de la democracia en Chile en 1973.
Juro que dejaré de llamar a nuestro país Estupidilandia el día que, al menos, exista verdad y justicia para los familiares de Detenidos Desaparecidos. La memoria histórica es muy diferente de la historiografía, que es escrita por los historiadores de oficio; la memoria histórica se transmite, de generación en generación, guardando el recuerdo de los crímenes e injusticias que los poderosos propinan a los pobres y a los que piensan distintos. El historiador, generalmente, es un personaje cortesano: en muchos casos transmite lo que la casta desea, por el contrario, los cultores de la memoria histórica popular – periodistas y educadores, en el enclave salitrero – muestran las rebeldías de aquellos que no quieren ser borregos.




“Te fuiste mojón por l’agua”… directo a las cloacas de la historia, pues se trata de uno de los más siniestros y sanguinarios asesinos de la historia de Chile; a la par que, sin lugar a dudas, el personaje más execrable y repudiado de la historia de Chile, luego de su jefe, el dictador innombrable
Hitler ha asido objeto de todo tipo de investigaciones e hipótesis psicológicas: que era golpeado por padre, un aduanero austriaco; que adoraba a su madre Clara y culpó a un médico judío de su temprana muerte; que sus ascendientes eran semitas, y así podríamos ocupar miles de páginas, con teorías muy atractivas, en especial, para los visitantes de internet, para tratar de explicar la maldad de un tirano. Camus, por su parte, hizo un buen retrato psicológico de Calígula que, al descubrir el absurdo de la existencia humana, tomó el camino de la maldad hecha carne y sangre. Una vez muerto el Mamo Contreras, van a aparecer miles de análisis psicológicos sobre su maléfica personalidad; ya se dice que su madrastra lo despreciaba y maltrataba, ahí reside el posible origen del odio hacia sus semejantes y el nulo valor que le daba a sus vidas. Uno de los aportes fundamentales de Hanna Arendt es el concepto de “la banalidad del mal”, al describir la personalidad del asesino Eichmann, persona común y corriente, bastante simplón e ignorante, pero muy eficiente para llevar a cabo la gasificación de millones de judíos.