En Chile el realismo linda con el pesimismo, con el peso de la construcción histórica como percepción presente y orientación futura. El ambiguo y resbaladizo discurso público que circula en el país desde hace décadas vuelve a expresarse en toda su dimensión y pesadez. Así fue una vez más, cuando la presidenta Michelle Bachelet anunció el inicio del proceso constituyente que descansará, en los hechos finales, en la decisión de un despreciado e ilegítimo Congreso. La presidenta ha dicho una cosa con la certeza de querer otra, con la convicción de su falsedad o irrealidad. El anuncio, tan esperado por la ciudadanía, vuelve a reproducir el mismo guión de la transición, un terreno falaz que esconde no pocas trampas.


“De hecho, ha habido una lucha de clases durante los últimos 20 años, y mi clase ha ganado”, declaró en 2011 el inversionista Warren Buffett, el segundo hombre más rico de Estados Unidos, y sigue siendo tal vez la frase más honesta y precisa para resumir la coyuntura actual en Estados Unidos.
El anuncio de la presidenta Bachelet del itinerario político y legislativo hacia una Nueva Constitución recuerda los versos de Constantino Kavafis: “Cuando emprendas tu viaje a Itaca pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias”. Para los amantes de los caminos difíciles, llenos de trampas y dificultades que superar, ésta es su ruta. Porque desde ahora, y por varios años, vamos a estar pendientes de un proceso que está abierto en su desenlace, pero plagado de enormes obstáculos en su recorrido.
Lo anuncié el 15 de Enero de este año en una columna publicada
