El 2011 fue el año del estallido de la movilización estudiantil, fruto de la inconformidad gestada en una transición eternamente inconclusa que postergó la posibilidad de construir una democracia política y social que fuera profunda y sustantiva, diluyó las esperanzas de la gente, mientras el poder y la riqueza se concentraban en pocas manos, sustentadas en un escenario político cooptado por el duopolio. Todo eso estalló el 2011, cuando la ciudadanía dijo basta frente al abuso y la usura; nos decidimos a defender la Patagonia y nuestros Recursos Naturales, exigir educación gratuita, de calidad y sin lucro, defender nuestros derechos sociales frente a los grupos empresariales, llegamos a plantear una Asamblea Constituyente y la recuperación de nuestros recursos naturales. Fuimos capaces de articular, en la movilización de los estudiantes, las inquietudes y anhelos de toda una sociedad.
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