
TAL COMO SE preveía, no habían transcurrido doce horas desde su victoria electoral cuando en su conferencia de prensa de ayer Mauricio Macri ratificó su vocación de convertirse en un proxy de Washington en la región. En línea con los deseos de la Casa Blanca arremetió contra la República Bolivariana de Venezuela y confirmó que solicitaría la suspensión de ese país como miembro del MERCOSUR porque, según él, habría infringido la cláusula democrática al “perseguir a los opositores y no respetar la libertad de expresión”.


Este martes nos hemos enterado que renunció nuestro “primer agente” ante La Haya, Sr. Bulnes.
¿Ganó la derecha o perdió el peronismo? ¿Quién pierde más con el triunfo de Mauricio Macri? Siempre que se fractura la unidad del pueblo, la derecha gana el gobierno.
Caída la moneda del balotaje, el neoliberal Mauricio Macri cosechó cerca de 13 millones de votos, y el peronista Daniel Scioli poco más de 12 millones. Una diferencia que quizás, con un candidato más idóneo, hubiera inclinado en sentido inverso el fiel de la balanza electoral. Pero los grandes líderes se hacen desde el llano, y en el ejercicio de gobierno. Debilidad de Macri, quien sólo ha conocido las mieles del privilegio y el poder.
La prensa internacional abunda en referencias al poderío económico del Estado Islámico. Se dice que sus finanzas están muy bien alimentadas porque desde hace un par de años controla instalaciones petroleras en el norte de Siria (campos de Al-Furat y Deir Al-Sur). Además, desde hace un año su dominio del norte de Irak incluye yacimientos, pozos y hasta refinerías, en especial en la zona de Mosul, Erbil y Kirkut. Por esa razón se afirma que el Estado Islámico es el grupo terrorista más rico y bien financiado del mundo. Y como ya sabemos, cuando una idea se repite sin cesar en los medios tiende a convertirse en verdad absoluta.
Hablo de un fallo judicial reciente y de asuntos jurídicos como el recurso de amparo y el principio de jurisdicción universal.