
La gubernamentalidad, se desarrolla en la sociedad normalizadora, mediante las prácticas de subjetivación, transformación del hombre en sujeto y de objetivación, transformación del sujeto en objeto, ambos sujeto y objeto de saber y de poder, tanto para si mismo, como para con los demás. La gubernamentalidad se entiende como el objeto de estudio de las formas de gobernar, a través del análisis de las formas de racionalidad, de procedimientos técnicos y de formas de instrumentalización, todas estas formas en un sentido amplio, tanto en el gobierno de sí (ética), como en el gobierno de los demás y entre ambos. (1)



Al comienzo del periodo neoliberal, las adhesiones al nuevo modelo fueron muy amplias y rápidas. Empezando con la dictadura de Pinochet en Chile, el nuevo modelo fue incorporando a nacionalismos, como el del PRI en México y el peronismo de Menem en Argentina, a partidos socialdemócratas como en Chile, Venezuela y Brasil. Fue un comienzo avasallador, del que parecía que ninguna corriente podría escapar. El Consenso de Washington y el pensamiento único han buscado consolidar teóricamente la conversión de casi todas las fuerzas políticas a ese modelo.
Pocas cosas tan repelentes como el diputad Tarud. Con sujetos como ese es innecesario tener diferencias políticas para rechazarlo como un vociferante chauvinista, racista y persona de baja estofa. Basta tener un resto de decencia.
La “ley del embudo” parece ser frase y actitud favoritas de este parlamentario aplaudido por xenófobos y nacionalistas calenturientos
El sistema no va a cambiar de ideas. No puede hacerlo. Pensar en una educación democrática como un derecho, por ejemplo, en tanto está definida como una mercancía afecta a las leyes de cualquier negocio, es una contradicción. O un engaño, según el que lo diga y el que lo crea. Una estafa más que se enarbola mentirosamente. Como todas, como cada una. Como la salud, la previsión, el medio ambiente, las condiciones laborales, etc.