Esta columna, “El caso Piñera y la ‘berlusconización’ de la política chilena”, fue publicada en enero del 2007 cuando el ex presidente era formalizado por la SVS. Luego, el 2009, Sebastián Piñera sería elegido Presidente. En aquel momento, la mayoría de los analistas hicieron la vista gorda a las prácticas corruptas de quien quiere nuevamente —ésta vez con un prontuario de corrupto contumaz— ser Presidente de Chile.
Siempre dicen lo mismo, que toda la culpa es de los anticomunistas, que se reúnen para hacerles daño, y la verdad es que la miopía política y su política de alianzas es la que siempre ha sufrido el PC.
Hacia fines del reinado de Ricardo I —quien a diferencia de Ricardo III nunca ofreció su reino por un caballo porque muchos le habríamos regalado uno para que se fuera—, el heredero natural era el príncipe de las tinieblas Don José Miguel Insulza y Salinas. Sin embargo, Ricardo I lo desheredó y a cambio de que no pataleara, le ofreció un ostracismo temporal en la Ínsula de la Weá Más Fea —según cantan las estrofas del trovador Carlos Puebla. La oferta era jugosa pues duraría 10 años, con todas las prebendas del caso, en vez de los breves 4 años en el Palacio de La Moneda. A este fin, Ricardo I consiguió el apoyo transversal de “The Right People” que lo adoraba y veneraba, además de —probablemente también— el VºBº del Emperador Bushputín II o su representante.
¿Cómo es posible que más de mil millones de personas en el mundo, no tienen acceso al agua potable, y más de tres mil millones, no gozan de servicios sanitarios mínimos?
Llama la atención la manera de analizar el triunfo del candidato republicano Donald Trump, cuando aún no ha comenzado su mandato. Parece ser que los analistas han perdido de vista cómo juzgar los acontecimientos políticos. Han derivado el debate hacia aspectos histriónicos del personaje, sus salidas de tono, las provocaciones, la ostentación de su riqueza, el peinado, etcétera.
El capitalismo salvaje globalizado/ globalización del capital.
Tres grandes personajes marcan mis recuerdos de infancia: Émile Dubois quien de asesino pasó a ser un santo, incluso con su animita, muy visitada en Valparaíso; Guillermo Beckert, el jefe de la legación alemana en Chile, descubierto a través de la dentadura del occiso, Exequiel Tapia; el “Tucho” Caldera, un asesino bien letrado y, en extremo, inteligente. Si hubieran existido programas de farándula y matinales como ahora, estos tres criminales se hubieran convertido en centro de la programación televisiva.
En la comedia o teleserie que todos los días seguimos sobre la Nueva Mayoría, ayer fue el día de los abrazos, de la reconciliación entre los actores que estaban en disputa por conquistar los favores de Michelle Bachelet que ya sabemos reina, pero no gobierna.
En la primera parte de este artículo traté de detallar las razones de las migraciones forzadas de latinoamericanos hacia Estados Unidos, en las que los tratados de libre comercio tienen mucho que ver y las constantes renovaciones del Plan Cóndor con sus agendas regionales. Pero, ¿qué sucede con los migrantes que logran cruzar las fronteras de la muerte y llegar a este país, qué les espera?
Estos dos personajes están irremediablemente hermanados por ser economistas reputados, con sendos posgrados en finanzas, aunque al primero ya le retiraron el título de economista y, al segundo, la opinión pública y los periodistas a su servicio – son casi todos – lo protegen y le agregan el “honorífico” título de “mago de las finanzas” que, en 1938 perteneciera a Gustavo Ross Santamaría.