Muerto Fidel Castro, como hace años viene ocurriendo cuando de Cuba se trata, nuestra derecha-derecha se ha hecho un festín con el “dictador” de la isla caribeña. Sopesando su postura uno no tiene más que aceptar que no hay problema, nada que reprocharles. Es evidente que desde su perspectiva es entendible su oposición al sistema político-económico cubano. Otra actitud sería una inconsecuencia imperdonable.
En nombre del Movimiento del Socialismo Allendista de Chile y del mío propio inclinamos nuestras banderas con dolor y profundo respeto ante el fallecimiento del Comandante Fidel Castro Ruz.
Fidel ha muerto, pero es inmortal. Pocos hombres conocieron la gloria de entrar vivos en la leyenda y en la historia. Fidel es uno de ellos. Perteneció a esa generación de insurgentes míticos – Nelson Mandela, Patrice Lumumba, Amilcar Cabral, Che Guevara, Camilo Torres, Turcios Lima, Ahmed Ben Barka – que, persiguiendo un ideal de justicia, se lanzaron, en los años 1950, a la acción política con la ambición y la esperanza de cambiar un mundo de desigualdades y de discriminaciones, marcado por el comienzo de la guerra fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos.
Cuando los de más abajo, los jóvenes (varones y mujeres) pobres de las periferias, los ninguneados de siempre, toman las riendas de sus vidas y además lo hacen en colectivo, es porque algo muy profundo está cambiando. Un mundo nuevo comienza a despuntar cuando el intelectual, el dirigente, el estratega (en masculino), se disuelve por la potencia de lo colectivo que anuncia un vendaval político, social y cultural de largo aliento.
La muerte de Fidel Castro, previsible por la avanzada edad del máximo artífice y dirigente de la Revolución Cubana, 90 años, es uno de esos sucesos que cimbran al mundo, no porque induzca cambios significativos en la realidad contemporánea, sino porque obliga a tomar conciencia de la vastedad de las transformaciones históricas ocurridas en el último medio siglo y porque recuerdan la fuerza inconmensurable que pueden adquirir ciertos movimientos sociales cuando poseen las dirigencias adecuadas.
Hemos tenido el privilegio generacional de haber conocido a un hombre que marcó la historia de América Latina y el mundo. Al estadista más brillante que pudo parir la Patria Grande. Al luchador incansable por la equidad, la igualdad social y la justicia. Hemos tenido el honor de haber conocido la integridad en palabra y acción, de un hombre que demostró con su propia vida, que la conciencia, los ideales y los principios ni se compran ni se venden. ¡Se defienden!
La ocasión política la pintan calva para la Izquierda; la están dando, es el momento de iniciar el camino de retorno a posiciones de poder. Sin embargo corremos el riesgo de que la oportunidad y las condiciones favorables se nos escurra entre los dedos.
No hay nada más falso, más ruin, más soberbio en Estados Unidos que celebrar el Día de Acción de Gracias. La celebración más importante después del 4 de julio, la tercera viene siendo la Navidad.
En el Chile monárquico-plutocrático hay momentos en que el avión funciona con el piloto automático: desde el fatídico febrero de 2015, la reina todopoderosa decidió dejar de gobernar y, muy inteligentemente, tomar el camino de los periplos a países remotos, cuyo encanto le permite olvidar la traición de sus los partidos políticos que la apoyaban – principalmente de la Democracia Cristiana – y los avatares del proceso contra su nuera.