Los inmigrantes se han convertido en el chivo expiatorio de nuestro tiempo y se les culpa de todos los males de la sociedad occidental en su fase de decadencia. En el imaginario del racismo está del otro porque se le encuentra diferente. El grito de los militantes del Partido Frente Nacional, de la candidata a la presidencia de Francia, Marine Le Pen, “on est chez nous” (estamos en nuestra casa), es muy gráfico para expresar esta actitud. Antiguamente, en este país al extranjero se le llamaba “méteque” (extranjero), – ver canción de George Brassens -.
El mundo está cambiando porque el poder está cambiando, en sus estructuras y en su percepción. Algunos países están retrocediendo porque no han tenido el valor y la visión de actualizar las estructuras e instituciones de poder que dominaron el siglo pasado.
Hasta la mañana del pasado viernes el número de asesinatos en el estado brasileño de Espíritu Santo era de 121 en siete días. Casi una víctima fatal por hora. En aquella misma mañana el gobierno local comunicaba oficialmente que no hubo acuerdo con la policía militar, que cumplía la séptima jornada de una huelga que transformó el estado en una tierra sin ley. La policía militar es la responsable de la seguridad pública y el patrullaje de las calles. Sin aumento salarial en los recientes cuatro años, sus integrantes decidieron entrar en huelga. Al paralizar actividades, Victoria, la capital, entró en colapso. Autobuses no circulaban, escuelas permanecen cerradas, y por las calles se repiten imágenes de saqueo a comercios, robos y asaltos por doquier, depredaciones, familias confinadas en sus casas. Poco antes de la una de la tarde el gobernador Paulo Hartung anunció que había interpuesto un juicio contra unos 700 policías militares, acusándolos de amotinamiento y rebelión.
El fiscal Pablo Gómez no tiene por dónde cerrar —por decisión propia o ajena— los casos de corrupción que involucran esta vez a los prohombres del partido de ultraderecha UDI. La máquina legal tiene su propia dinámica y debe cuidar su imagen de autonomía ante los otros poderes del Estado y por mucho que afecte a la casta política en su conjunto. Tampoco tendrían por qué prescribir, como sucedió con las platas que Carlos Ominami recibió de Julio Ponce Lerou-SQM.
Se traba una contienda en los medios de comunicación. El Ministro que miente tupido parejo y descaradamente, se enfrenta con un ex almirante que miente tupido, parejo, descaradamente, por convicción y fe.
El psicópata, narcisista y megalómano, Donald Trump, se cree dueño, no sólo de su país, sino del mundo entero, incluso, tal vez le falte nombrar como senador a su caballo, tal cual lo hizo el famoso el emperador romano, Calígula, lo que no sería una mala idea pues, a veces, los caballos podrían ser más inteligentes y capaces que los senadores.
Cuando me desempeñaba como profesor, en el Instituto de Historia de la Universidad Católica de Valparaíso, en plena época de la Unidad Popular, en los claustros plenos se desarrollaban verdaderas batallas ideológicas: el combate era tan de vida o muerte que lo ganaban los derechistas o nosotros; aún recuerdo la frase desesperada “el burgués siempre es el otro”, del poeta Godofredo Iommi, quien le había quitado al gran poeta Vicente Huidobro su mujer, Ximena Amunátegui. Esta frase retrata el gran drama del fanático, que es la falta de empatía hacía sus semejantes, pues no puede entender que alguien piense distinto a él, que tenga otro color de la piel distinto al suyo, que pertenezca a otra cultura, en la mayoría de las veces muy superior, que sea pobre.
Son esa casta innecesaria que de tanto asustar con enemigos se han convencido que son los llamados salvadores, lo que cuesta muy caro al erario nacional, y vociferan que con ellos la patria puede dormir tranquila, para eso con sus uniformes planchados/impecables y pagados con dinero fiscal, y claro brazas a ceñir. Faltan ceros para conocer el costo de un submarino y de los viajes de estudios de grumetes.
El Mercurio de Valparaíso,
Todas las encuestas de opinión pública –todas, sin excepción- señalan que el poder legislativo chileno, ergo, los parlamentarios, se encuentra asfixiado por la crítica y la desconfianza manifestadas por una amplia mayoría de la sociedad civil.