
Sin el Río de la Plata, sin Maradona, sin Sampaoli, sin Gardel y Lepera, sin la milanesa, sin bife de chorizo, sin la medialuna y, sobre todo, sin el tango y la milonga, sin su Papa Argentino, sumado a un tenor uruguayo, el mundo sería una porquería y, por cierto, muy aburrida.



“Declaro inocente a Matías Pérez Cruz”. ¿Qué culpa tiene don Matías de tomar en serio la frase de uno de los Matte, en la cual afirma ser los dueños de este país? ¿Qué culpa tiene don Matías Pérez Cruz de creer que la propiedad privada es el bien más importante de la tierra por ser un bien de origen divino, y que Cristo murió en la cruz para salvarla? ¿Qué culpa tiene don Matías al creer que los comunistas se comen a los niños en cada desayuno? ¿Qué culpa tiene don Matías al defender la idea de que el único comunista bueno es el comunista muerto?
Días pasados, Pablo Vidal, uno de los diputados del partido Revolución Democrática que integra el Frente Amplio de Chile, manifestó en una entrevista ante La Tercera que el presidente Nicolás Maduro era un dictador. Lo que podría haber sido el desafortunado exabrupto de un novel legislador tardó unas pocas horas en revelarse como el síntoma de una grave enfermedad que, de no combatirse de inmediato, clausuraría por largos años la posibilidad de ofrecer una alternativa pos-neoliberal al desprestigiado sistema de partidos políticos imperante en Chile, vástago de la funesta dictadura de Augusto Pinochet. 
Hace cinco años atrás, en febrero de 2014, escribí este breve artículo con el objeto de denunciar la arremetida del capital tanto nacional como internacional contra el proceso revolucionario bolivariano. Transcurrido 5 años este mantiene toda su actualidad. Por eso, hoy lo rescato y lo pongo a circular nuevamente. Eso prueba que independientemente de la coyuntura política la acción política del capital ha sido constante en contra de un pueblo que busca construir su propia historia con autonomia e independencia de los poderes imperiales y regionales. Hay que dejar en paz al pueblo venezolano.
Donald Trump podrá ser más imbécil de los Presidentes de Estados Unidos en su historia política, pero quién puede negar que ha sido el más exitoso en convertir a América Latina es su “patio trasero”, además, con el beneplácito y regocijo de los hijos de puta antes mencionados.