La historia nunca ha sido el progreso indefinido de la humanidad, como lo soñaran Jean Battista Vico y Nicolas de Condorcet, tampoco una declinar, como planteara el pesimista Oswald Spengler, en La decadencia de Occidente. El perpetuo retorno, de Nietzsche, tiene poco sentido, salvo la recepción de la filosofía budista. La dialéctica de triada, del alemán F. Hegel, o bien, La binaria, de Pierre Joseph Proudhon, tienen poco sentido para explicar el acontecer histórico. Una teoría más superficial, como la de las generaciones, de Ortega Gasset, aun cuando es liviana, puede servir para ilustrar este artículo.
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