Mariano Rajoy ha logrado cierto consenso en la valoración de que ha dado un golpe lúcido con su primera aparición del viernes pasado convocando elecciones autonómicas para el jueves 21 de diciembre. Esa decisión de quitarse el asunto de Cataluña de encima cual piedra de la espalda de Sísifo, empero, dependerá de los resultados del 21 de diciembre. Lo que ha sido un acto de audacia podría fácilmente convertirse en lo contrario.
Todos conocemos a alguien que no vota. Ni siquiera específicamente en la próxima elección de noviembre, sino en ninguna. Están quienes lisa y llanamente no votan por desidia y/o desinterés; y quienes no lo hacen por motivos ideológicos: en este sistema sufragar es inútil y, para peor, legitima y reproduce el sistema.
Les pido perdón por ser majadera y reiterar que en Chile nuestros próceres e inefables economistas, tienden a analizar los problemas de manera estática ignorando causas y consecuencias. Por ejemplo, para hablar del sistema de pensiones se dice que estas son bajas y solo se discute acerca de la forma de generar recursos para aumentarlas. Se habla del anciano pensionado, jamás de las familias. Nadie se refiere a que el viejo traspasará sus necesidades a hijos o parientes o que, lisa y llanamente, quedará en situación de calle viviendo de la caridad pública.
Los tratados internacionales reconocen el derecho a la revisión de los procesos judiciales, especialmente cuando son tramitados por tribunales unipersonales en materias que por su fuero, naturaleza o cuantía, se valoran como relevantes. Este derecho se hace efectivo por medio de diversos mecanismos entre los que se destaca la segunda instancia. Esta fase, implica que un tribunal superior, normalmente colegiado, vuelva a analizar y decidir sobre los hechos y el derecho que se discute en un juicio.
Pronosticar el futuro es un oficio de magos, agoreros, videntes, tarotistas y hasta falsos profetas. Giacomo Savonarola fue desafiado por su rival franciscano a pasar sobre las llamas y no ser abrasado por ellas. Muy inteligentemente, el monje no se presentó al duelo, pues tenía que elegir entre su fama de vidente o morir quemado.
Estados Unidos es un país con una diversidad de culturas, impresionante. En la parada de un semáforo, esperando cruzar la avenida, puede haber cincuenta personas y todas son de distinto país y todas tienen una historia, un pasado, una raíz. La cantidad de religiones y pensamiento político es también así de variada. En una reunión social, en un restaurante, en un simple supermercado o en el parque se puede encontrar una variedad de culturas e idiomas que es imposible identificar.
El mes de octubre del presente año ha sido ocupado por el tema de la independencia unilateral de Cataluña y de las respuestas represivas, propias de la torpeza del gobierno que encabeza Mariano Rajoy. La violencia con que actuaron los guardias civiles y la policía nacional el día 1º de octubre, con ocasión del referéndum contra ciudadanos desarmados que sólo querían votar, además del choque entre mossos de escuadra y la guardia civil – los primeros al negarse a reprimir a su pueblo y, los segundos, por orden del gobierno central, que se empechaban en impedir la libre concurrencia a las elecciones, usando métodos brutales contra los ciudadanos – fue un episodio ampliamente favorable para los partidos independentistas y los sectores de la sociedad civil que los apoyan.
En materias de escándalos políticos parecía que en América del Sur el patrimonio lo disputaban Brasil y Argentina, ello según los principales medios de información que hay en el subcontinente, aunque, claro, ya lo sabemos, todos pertenecen a la misma cofradía internacional de la hermandad de la derecha, pero de la rancia, la cipaya del FMI, del Banco Mundial y de los EEUU.