Los bulldogs de EE.UU. y la Unión Europea, y los fox terriers del Grupo de Lima, no reconocen las elecciones en Venezuela. Para ellos sólo valen las que gana la oposición. Pero eso ha ocurrido apenas dos veces en las 24 elecciones y referéndums efectuados en los 19 años de revolución bolivariana.

Apoyando a Maduro el pueblo venezolano le sigue metiendo el hombro al sueño libertador del Niño Arañero. No sirvieron de nada los millones de dólares que se gastaron los injerencistas y las oligarquías latinoamericanas, en propaganda y mediatización tratando de desacreditar la inteligencia natural, la dignidad y la Memoria Histórica del pueblo venezolano que no se deja engañar con las artimañas de los conspiradores.
Algo más de ocho millones seiscientos mil venezolanos han participado en la elección presidencial de este domingo, cuyo resultado ha sido la renovación de mandato al actual presidente Nicolás Maduro. También se eligieron los nuevos consejos estaduales, aunque la mira estuvo puesta en el máximo cargo ejecutivo del Estado.
Con el 92,54 % de votos escrutados por el Consejo Nacional Electoral de la República Bolivariana de Venezuela, que corresponde al 46% de participación electoral, se estima como proyección que llegará al 49% de participación electoral.
El chavismo volvió a ganar las elecciones en Venezuela. Son 22 de 24 elecciones celebradas en Venezuela desde el triunfo del comandante Chávez en 1998, triunfo que inauguró el cambio de época en América Latina.
Pasan los años y, mientras el modelo económico acumula riquezas en el 1% más rico de la población, la clase dominante hace su vida en La Dehesa, veranea en Zapallar, trabaja en el Golf, estudia en colegios privados de “excelencia”, recibe los consejos espirituales de los Legionarios de Cristo y del Opus Dei y se reconoce en las páginas sociales de El Mercurio. El modelo económico y el régimen político han servido para llevar al extremo la segregación social. Los chilenos no nos mezclamos. Los orígenes de clase nos distancian cada vez más y la inclusión es sólo discurso electoral.
La acaban de lanzar el 17 de mayo pasado. Porque suena bonito y punto; pero es para engatusar. Otra maniobra piñerista en el sentido de eso que Gonzalo Blumel de la Segpres llama los “acuerdos nacionales”. Le pusieron el apelativo de “desarrollo integral” esta vez a lo que es una comisión que tiene por objetivo consolidar el modelo neoliberal y sus pilares fundamentales implantados por los Chicago boys durante la dictadura militar (lea al final la lista de sus conspicuos integrantes).
Nunca, hasta hoy, he dudado en exponer mis ideas abierta y públicamente, lo que me ha causado más de un contratiempo. No sirvo para ser calculadora, ni quiero serlo. Pero en esta ocasión escribo con dudas y recelos, porque me debato en la incertidumbre de molestarlo a usted, lo que significaría dejar de poner mi granito de arena, en una campaña que me ha hecho revivir mis más hondas emociones de infancia al lado de mi padre, Jorge Eliécer Gaitán, que con el tiempo han adquirido mayor fuerza y claridad.