La segunda vuelta de las elecciones presidenciales del próximo 5 de junio puede consagrar un importante cambio de la relación de fuerzas en la región sudamericana.
Archivo periodístico 2005–2019
La segunda vuelta de las elecciones presidenciales del próximo 5 de junio puede consagrar un importante cambio de la relación de fuerzas en la región sudamericana.
En Japón se produjo una réplica del terremoto del 11 de marzo. Esto fue el jueves 7 de abril. El fuerte sismo que sacudió el noreste de Japón causó daños en otras tres centrales nucleares y dejó sin electricidad a 3.3 millones de hogares. La planta de Onagawa sufrió derrames de agua de las piscinas de las barras de combustible, pero no hubo fugas, se afirma, y la prensa internacional, en un lugar destacado de la primera plana, publica una fotografía de un funeral en una fosa común de Yamamoto, con víctimas del sismo del 11 de marzo. Quizás para aumentar el dramatismo de las consecuencias del fenómeno, que de suyo tuvo repercusiones verdaderamente muy graves, sobre todo en el futuro próximo, que correrá la energía nuclear como posible fuente alterna de los combustibles fósiles.
El anuncio de que Barack Obama va a postular a la reelección no fue una sorpresa.Todo presidente que estime positivamente su gestión busca un nuevo período si la constitución se lo permite y los preparativos para hacer el anuncio se vuelven obvios.
Todo el conflicto libio del mes pasado –la guerra civil, la acción militar contra Gaddafi encabezada por Estados Unidos– no es ni una intervención humanitaria ni tiene que ver con el inmediato abasto de crudo en el mundo. Es de hecho una gran distracción –una distracción deliberada– de la principal lucha política en el mundo árabe.
No es posible separar las revueltas en Oriente Medio y el Norte de Africa y la incursión armada de la OTAN en Libia con la evolución que siguen los precios del petróleo.
La guerra declarada contra Libia a pretexto de crear una zona de exclusión aérea,supuestamente para defender a los ciudadanos libios de su gobernante Muammar Gaddafi, se ha convertido en un atentado contra lo que conocemos como “orden internacional”,puesto que lo que se busca no es defender a nadie sino el control del petróleo de toda esa zona.
Al costado de las carreteras que entran y salen de Abiyán, donde ya no circulan salvo camiones con hombres armados, los marfileños caminan con el peso de una vida gastada. Bajo el sol africano, con mochilas montadas sobre las cabezas, niños y bebés en brazos y sobre el último par de zapatos que les pertenece, cientos de miles de personas han abandonado la ciudad más importante de Costa de Marfil.
Ayer, por razones de espacio y tiempo, no dije una palabra del discurso pronunciado por Barack Obama el lunes 28 sobre la Guerra de Libia. Disponía de una copia de la versión oficial, suministrada a la prensa por el Gobierno de Estados Unidos. Tenía subrayadas algunas de las cosas que afirmó. Volví a revisarlo y llegué a la conclusión de que no vale la pena gastar demasiado papel en el asunto.
El pasado lunes 28 de marzo, la Casa Blanca dio a conocer un texto en el que el presidente Barack Obama explica la participación de Estados Unidos en el conflicto libio. No se trata de una doctrina –señalan los comentaristas– porque el presidente es un pragmático, que toma sus decisiones con base en una evaluación ponderada de cada caso.
Hoy tuve el gusto de saludar a Jimmy Carter, quien fue Presidente de Estados Unidos entre 1977 y 1981 y el único, a mi juicio, con suficiente serenidad y valor para abordar el tema de las relaciones de su país con Cuba.