Si recordamos detalles de la película “Titanic”, durante varias horas la gran embarcación estuvo a medio lado a punto de hundirse, mientras la orquesta tocaba bellísimas melodías. La crisis argentina es muy similar a esta escena del film.
Archivo periodístico 2005–2019
Si recordamos detalles de la película “Titanic”, durante varias horas la gran embarcación estuvo a medio lado a punto de hundirse, mientras la orquesta tocaba bellísimas melodías. La crisis argentina es muy similar a esta escena del film.

Pocas personas recuerdan el “se está desgranando el choclo”, palabras pronunciados por el general César Mendoza, a propósito de la participación de Carabineros en el vil y cruel asesinato de los degollados. Con la petición de perdón y misericordia, por parte del cardenal Ricardo Ezzati, ocurre algo similar a lo acontecido con “Mendocita”, en el sentido de que produce risa por lo extemporánea.

El eje Estados Unidos-Israel y Arabia Saudita han fracasado, hasta ahora, en su objetivo de rediseñar el Medio Oriente. En Siria la alianza Rusia-Irán han logrado, prácticamente, triunfar sobre el eje del crimen, parodiando el “eje del mal”, inventado por George W. Bush.

A diferencia de los obispos chilenos, que hablan aflautado para esconder su acción mafiosa con universales eufemismos, Francisco habla claro, directo y sin temor, es decir, “llama al pan, pan y al vino, vino “al tratarlos claramente de encubridores y de cómplices del desaparecimiento de pruebas.
En América Latina también tuvimos nuestro propio 68: en Chile, la toma de la Universidad Católica de Valparaíso y, luego, la de Santiago; en México, el movimiento estudiantil terminó con la matanza de Tlatelolco.

A Henry Kissinger le agrada intervenir en los conflictos al rojo vivo y a Donald Trump crearlos, sólo con el fin de ganar apoyo dentro del país. Hace pocos días el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, era poco menos que considerado “un caníbal”, capaz de provocar la tercera guerra mundial, pero ahora es un santo, que se abraza con su par de Corea del Sur, y con el Secretario de Estado Norteamericano, Pompeo, ya se saludan hasta de beso.
En mi infancia y adolescencia estudié en un colegio de curas y, para evitar el castigo a mis repetidas “faltas”, – el capear, el ponerme el uniforme al revés… -, me escondía en los baños, (casitas), según los profesores, para darle un nombre menos coloquial.
Desde 1810 hasta hoy los Larraín han sido de los más prominentes dueños de Chile. En la Independencia se les llamaba “los 800”: había, al menos, un Larraín en cada uno de las distintas reparticiones del Estado colonial. Se sabe que los Larraín eran los grandes enemigos de José Miguel Carrera y de toda su familia, y todo por el poder. Hay de apellido Larraín de de cierta alcurnia y otros más discutibles como algunos descendientes, ubicados en el campo, (la más polémica de los Larraín es Kenita, la “gran economista chilena” y de la farándula, y Patricia Larraín, quien tuvo su pololeo con el Chino Ríos – el mediócrata de Vitacura -.
A medio siglo de Mayo de 1968, este acontecimiento sigue provocando polémica: Sarkozy quiso terminar con su recuerdo, pero por decreto no se pueden borrar los hechos históricos; para otros, fue sólo un carnaval estudiantil; para unos terceros, una revolución fracasada. Raymond Aron se convirtió en uno de los críticos más encarnizados de la rebelión estudiantil. Para el filósofo contemporáneo, Michel Onfray, Mayo tuvo su inspiración en Nietzsche.

A fines del siglo XIX y comienzos del XX algunos anarquistas adoptaron la estrategia de la propaganda por los hechos: usar el atentado para combatir a la clase dominante e instaurar la acracia.
En esa época se sucedieron los atentados contra reyes, príncipes, princesas, válidos y primeros ministros, y el más famoso de los dinamiteros fue el anarquista Ravachol, que dio nombre a una famosa canción con ritmo de la Carmachol, (cántico de la Revolución Francesa).