Si hubiera que narrar la historia de cómo se puede ser parte de un gobierno socialista (emblemático en el mundo, como el de Salvador Allende), militante de un partido de Izquierda (el Movimiento de Acción Popular Unitaria, MAPU), ser víctima del derrocamiento del gobierno por un golpe militar (y de los peores, el de Pinochet), caer preso o saltar el muro de una embajada, salir al exilio con las patas y el buche, y ahora -casi 40 años después- ser magnate, o al menos pujante empresario capitalista, habría que contar la historia de estos cuatro hombres: Carlos Fernando Flores Labra, Oscar Guillermo Garretón Purcell, Enrique Correa Ríos y Eugenio Leonardo Tironi Barros.
Salvador Allende gana cada día en el mundo mayor respeto y admiración. Su lealtad al pueblo se sustentaba en sus principios, en su ética, en su intransable consecuencia y su raro valor. Pero además hay un aspecto de su personalidad que sería injusto ignorar, porque significaría desconocer una continuidad histórica deliberadamente omitida.
Por considerarlo de suma importancia, publicamos el siguiente acuerdo entre la guerrilla de las FARC-EP y los delegados del gobierno de presidente Juan Manuel Santos.


La exigencia de una Asamblea Constituyente -representativa de chilenos y chilenas sin exclusiónque le devuelva a pueblo de Chile su soberanía y que nos permita elaborar un nuevo contrato político y social que exprese los intereses de todos los sectores del país, ha cobrado fuerza en el seno de la sociedad chilena.
Legisladores de oposición presentaron el proyecto de ley que instala una Cuarta Urna en las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias, que permitiría a una Asamblea Constituyente elaborar una nueva Constitución Política. El texto fue elaborado por organizaciones de la sociedad civil, quienes llamaron a los parlamentarios de todas las bancadas a debatir el tema y escuchar a la ciudadanía.