
Típico del viejo y oscuro resentimiento es rasgar vestiduras cuando el candidato lo único que ha hecho es decir la pura y santísima verdad, a saber, que ya basta de inmigración ilegal, a saber. Basta ya de venir a despojarnos de un futuro resplandeciente en carreras profesionales que naturalmente se corresponden con nuestro talento, si para eso uno ha invertido en créditos universitarios y se ha endeudado como es debido, es decir, hasta las orejas. ¡Uy, que angustia! Pues entonces, muy bien: hay que declararse Longuerista al ciento por ciento, es menester pasar la lengua por la fuerte cagada que Pablito se echó en las matas de la población visitada recientemente, donde él marcó territorio, ¡por aquí no pasan! ¡estos son mis dominios! Así pues, es imposible no sentirse identificado con la historia de Margot, cuya vida ha estado sometida a infinitos tormentos por culpa de la inmigración…
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